EL PAÍS LEJANO
Henri Nouwen
También dijo: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor
de ellos dijo a su padre:
"Padre, dame la parte de los
bienes que me corresponde". Y les
repartió los bienes.
No muchos días después,
juntándolo todo, el hijo
menor se fue lejos a una provincia apartada, y allí desperdició sus bienes
viviendo perdidamente.
Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia y
comenzó él a pasar necesidad.
Entonces fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de
aquella tierra, el cual lo envió a su
hacienda para que apacentara cerdos.
Deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían
los cerdos, pero nadie le daba.
Volviendo en sí,
dijo: "¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de
pan, y yo aquí perezco de hambre!
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros;".
Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a
misericordia, y corrió y se echó sobre
su cuello y lo besó.
Lucas 15:11-20
Soy el hijo
pródigo cada vez que busco el amor incondicional donde no puede hallarse. ¿Por
qué sigo ignorando el lugar del amor verdadero y me empeño en buscarlo en otra
parte? ¿Por qué sigo marchándome del hogar donde soy tratado como un hijo de
Dios, el amado de mi Padre?
Estoy admirado de
cómo sigo cogiendo los regalos que Dios me ha dado – mi salud, mis dones intelectuales
y emocionales – y sigo utilizándolos para impresionar a la gente, para
reafirmarme, y para competir por el premio, en vez de utilizarlos para gloria
de Dios.
Sí, a menudo los
llevo conmigo a la «tierra lejana» y los pongo al servicio de un mundo explotador
que no reconoce su valor verdadero. Es casi como si quisiera demostrarme a mí mismo
y al mundo que no necesito del amor de Dios, que puedo vivir por mí mismo, que
quiero ser plenamente independiente.
Detrás de todo
esto está la gran rebelión, el «No» retundo al amor del Padre, la maldición no expresada
con palabras: «Me gustaría que estuvieses muerto.» El «No» del hijo pródigo
refleja la rebelión original de Adán: su rechazo al Dios en cuyo amor hemos
sido creados y cuyo amor nos sostiene. Es la rebelión que me coloca fuera del
jardín, fuera del alcance del árbol de la vida. Es la rebelión que hace que me
disperse en un «país lejano».
Aquí se desvela el
misterio de mi vida. Soy amado en tal medida que soy libre para dejar el hogar.
La bendición está
allí desde el principio. La he rechazado y sigo rechazándola. Pero el Padre continúa
esperándome con los brazos abiertos, preparado para recibirme y susurrarme al
oído: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco.»
Reflexiona acerca de cómo nosotros, a veces, somos
como el hijo pródigo.
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