El abuso de autoridad espiritual es un problema moral que se justifica con textos bíblicos mal interpretados. El hecho de que en los últimos años las iglesias estén fallando en presentar una doctrina sana sobre la autoridad las ha llevado a practicar varias características que son típicas de las sectas.
El abuso de autoridad espiritual puede presentarse en el contexto de iglesias con doctrina sana, predicaciones bíblicas o conservadoras. Todo lo que se necesita, para que haya abuso espiritual, es un líder megalómano que no le rinde cuentas a nadie, y por lo tanto, difícil de confrontar.
Cuando la autoridad de un líder es ilimitada, cuando no tiene a quien rendir cuentas, o evita responsabilizarse con una denominación, o entidad que lo acompañe, termina generalmente adquiriendo un complejo mesiánico para luego sufrir de megalomanía, una debilidad moral que se caracteriza por la sobreestimación de las capacidades propias. Esta clase de líder cree poseer una fuerza espiritual muy superior a la de los demás y puede moverse desde una simple sobrevaloración de sí mismo hasta la magalomanía crónica.
Para el líder megalómano el mundo exterior está poblado de enemigos contra el mismo y su iglesia. Hay un pensamiento de "nosotros contra ellos" que permea todos sus discursos. Como consecuencia, aparece la idea de que debe existir una razón de peso que lo impulsa a preocuparse excesivamente por él y su iglesia.
Sufre de delirios de grandeza hasta adoptar títulos de liderazgos históricos haciéndose llamar profeta, apóstol, patriarca o cualquier otro título que lo ubique por encima de la mayoría. Un buen ejemplo contemporáneo es el famoso y hereje movimiento de la "Reforma Apostólica". La megalomanía también está relacionada con la paranoia (un delirio de persecución) y la victimización, "todos me odian".
En la documentación histórica de las Sagradas Escrituras se han registrado casos de líderes megalómanos. Estos líderes que debían ejercer su oficio con el fin de guiar y servir al pueblo, además de glorificar a Dios, terminaron destruyendo los derechos de sus seguidores, su bienestar espiritual y emocional, además de robarle la gloria a Dios.
Veamos algunos ejemplos bíblicos de esta conducta siempre condenada por los profetas, Jesús y los apóstoles.
En el Antiguo Testamento
- Saúl con la obsesión de ser el más importante y su miedo a perder su posición (1Samuel 16:1-2). En este caso, vemos que el problema de Saúl era su codicia por el poder. Amenazó al profeta Samuel si éste le declarara que había sido desechado por Dios como rey.
- Jeroboam con su sistema religioso controla a las multitudes para guardar su posición (1Reyes 13:3-4). En este caso se añade el deseo desenfrenado de detener a un profeta de Dios por sus profecías en contra de su actitud.
- Los Sacerdotes y profetas maltratando desde una posición religiosa (Jeremías 6:13-14). Este es uno de los pasajes donde es más evidente el abuso espiritual y donde hay más reprensión por parte de Dios. Estos líderes aconsejan al pueblo de Dios para que ignore sus necesidades reales ofreciéndole placebos en forma de respuestas fáciles y mediáticas (antigua versión de la hereje teología de la prosperidad).
- Otro caso son los líderes religiosos que no cumplían debidamente con su ministerio (Ez. 34:1-9,17-19). Dios los reprende duramente por descuidar su trabajo y por explotar a su pueblo para beneficio propio.
En el Nuevo Testamento.
En los registros del N.T. vemos también algunos líderes megalómanos que aprovechando su posición abusaron de su autoridad creando distorsiones en la forma cómo las personas se deben relacionar entre sí y con Dios.
- Los líderes ambiciosos. Jesús reaccionó con indignación contra los ladrones en el templo por abusar de las necesidades del pueblo para sus propios deseos egoístas (Jn 2:13-16).
- Los líderes legalístas. Jesús estuvo enfadado con aquellos que estaban más atentos a las leyes que a las necesidades del pueblo (Mr.3:1-5).
- Los discípulos. Antes de que Jesús anunciara su muerte sus discípulos ya estaban siendo atraídos por la autoridad que adquirirían a su lado. Sin embargo, con estas palabras Jesús estaba indicando la gran diferencia que había entre la autoridad que empleaba el mundo y aquella que prevalecía en Su reino. La autoridad de sus discípulos no debería ser ejercida de la misma forma como se ejercía en el mundo. Los discípulos están siempre en una relación diferente unos a otros, son hermanos, hijos de un Padre, miembros uno de otros. Jesús lo dijo claramente “…porque uno es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8).
- Los líderes manipuladores. En este texto Jesús describe el abuso espiritual en gran detalle (Mat.23). Los líderes religiosos que exigen el esfuerzo de la gente, ofrecen un dios que no levanta las cargas, sino que les coloca otras cargas que son más pesadas, lo que normalmente se denomina legalismo (Mt.11:28-30, 23:1-4; Luc.22:25-26).
- Los altos mandos religiosos y estatales. Esteban llamó a los líderes judíos a hacerse responsables por sus actitudes abusivas. Su testimonio de Cristo, de quienes ellos habían abusado, los exasperó a tal punto que lo apedrearon hasta morir (Hech. 7:51-56).
- Los legalistas. La epístola de Pablo a los Gálatas tiene el propósito de exhortar a los líderes cristianos a que vuelvan a la base del cristianismo bíblico sobre la gracia y abandonen el legalísimo.
- Los que se creen amos de los demás. Pablo les recuerda a los corintios acerca de su autoridad apostólica, “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes” (2Co. 1:24). En la misma carta describe su desaprobación, de cómo los corintios aceptaban a ciertos líderes “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas” (2Co.1:24).
- Los que usan el dominio sobre los demás. Pedro también está atento de advertir a los líderes a: “apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1Pe.5:2,3).
- Los que que aman estar sobre los demás. Juan en su tercera epístola hace referencia a un líder llamado Diótrefes que le gustaba tener el primer lugar entre sus hermanos, que se oponía a que sus discípulos recibieran a Juan y a los suyos, y que expulsaba de la iglesia a los que disentían con él. Este es un claro ejemplo de alguien que sin lugar a dudas abusaba de sus seguidores intimidándolos si no se sometían a su voluntad.
Por veinte siglos la iglesia ha ignorado estos ejemplos de megalomanía. Es claro que Jesús y los apóstoles estaban conscientes del peligro de que se desarrollara una autoridad abusiva y megalómana en las iglesias. Por eso el llamado a los pastores no es la de adueñarse de las iglesias y sus asistentes, sino cultivar la responsabilidad de que los creyentes se soporten unos a otros, confiesen sus pecados unos a otros, se amonesten, se exhorten y sean testigos fieles a Jesucristo ministrando las necesidades espirituales en un mundo herido.