martes, 29 de julio de 2014

GAZA, LA FRANJA DE LA HYBRIS

GAZA, LA FRANJA DE LA HYBRIS

Por Alberto Szpunberg *

No, decididamente no: la ultraderecha neoliberal y militarista que gobierna al Estado de Israel no me representa. Ni como judío, ni como poeta, ni como simple militante de causas justas, ni como anónimo ser humano. Digo no a este gobierno cruel, lo desconozco, le niego validez humanitaria, no es merecedor de la Jerusalén a la que volvemos nuestros ojos –ni de la terrenal Jerusalén, la de “abajo” (shelmata), ni de la Jerusalén celestial, la de “arriba” (shelmala)–, le prohíbo que hable en mi nombre o en el de mi pueblo, y menos en nombre de los mártires de la Shoá, nada tiene que ver con el pueblo milenario al cual pertenezco, ni siquiera lo avalan ni lo justifican los misiles disparados al bulto ni los túneles subterráneos ni las “guerras santas” de la demencia fundamentalista de Hamas. Tampoco las mejores tradiciones del humanismo judío, según las cuales me formé, tienen que ver con el actual gobierno de Israel.

No necesito apelar, ni con humildad ni con orgullo, a los grandes nombres que jalonan “2000 años de exilio”. Tampoco necesito invocar a los 36 Justos que sostienen el mundo, ni al Rabino de Kotzk, que sigue incitándome a no dejar de saltar hasta alcanzar el cielo. Me basta con mencionar a mi abuelito José, el cuéntenik del conventillo de Añasco, un vendedor ambulante que, todos los Días del Perdón, me transmitía ese sentido del humor con el cual, cubierto con su manto, en pleno Kol Nidrei, intentaba remontar la barbarie de incontables matanzas dándome ligeros codazos. En ese momento, alzaba la voz en la sinagoga y decía: “Tú nos elegiste entre todos los pueblos”... Y, muerto de risa, agachaba la cabeza y agregaba a mi oído, en voz baja: “Para castigarnos”....

Hoy, el castigo que recibimos los judíos no viene del faraón de Egipto ni del Melej Amalek ni del babilonio Nabucodonosor ni del criminal Amann ni del Imperator Caesar Augustus Titus Flavius Vespasianus ni de Sus Majestades los Reyes Católicos ni del inquisidor Torquemada ni de los sanguinarios Pilsudski y Petliura ni del mil veces maldito Eichmann ni de los mostachos sospechosamente embebidos de Stalin –imaj shemám, es decir, “borrados sean sus nombres”–, sino de mano de los Netanyahu, los Liberman, los Bennett y otros criminales de guerra, cuyos nombres también serán borrados. No merecen otro destino quienes, incurriendo en la hybris, la transgresión total que desencadenaba la tragedia griega, no distinguen entre un niño y un perro...

Desde la racionalidad, desde el humanismo, desde la negativa a ser cómplice de la barbarie, desde el más elemental sentido común, digo no, definitivamente no, una y mil veces no. E invitando al Pueblo del Libro a pronunciarse, a modo de advertencia desesperada, cómo no volver al severo Amós: “Los tres pecados de Israel perdonaré, pero al cuarto no”, cuando ya son muchos los pecados... Y cómo no volver al sensato Amós: “¿Acaso podrán ir juntas dos personas si antes no se pusieron de acuerdo...?” Antes y después de todo, ahora y siempre, la paz. Y la única garantía, dos pueblos, dos Estados viables y seguros. Y algún día –porque la Tierra Prometida ya sabe a pogrom– tendrá que ser sí, es decir, dos pueblos, dos Estados viables y seguros, y un solo, un solo corazón.

* Poeta.

jueves, 24 de julio de 2014

DISPENSACIONALISMO Y SIONISMO

DISPENSACIONALISMO Y SIONISMO
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 27, septiembre 1997

El fundamentalismo evangélico data más o menos de la misma generación que el sionismo (finales del siglo pasado), y una rama importante de dicho fundamentalismo adopta la doctrina del dispensacionalismo. El dispensacionalismo es un sistema para dividir la historia de toda la humanidad en «dispensaciones» divinas. Según esa teoría, la voluntad de Dios y su trato con la humanidad se manifiesta de distinta manera en cada era o dispensación. El dispensacionalismo, aunque rechazado por artificial y ajeno a la revelación bíblica por casi todos los estudiosos de la Biblia, alcanzó una divulgación y una popularidad enormes entre ciertos elementos de la sociedad norteamericana, mediante la difusión de la Biblia de Scoffield, que lleva un complejo entramado de notas y explicaciones que guían al lector a la interpretación «correcta» de las Escrituras.

Entre estos seguidores del fundamentalismo evangélico americano nace con el surgimiento del estado de Israel, la convicción de que esto mismo ya había sido predicho por los profetas bíblicos. Alegan haber descubierto en tales profecías incluso que la existencia de un estado judío en Palestina es condición previa necesaria e indispensable para que puedan cumplirse otras profecías, tales como la Batalla Final entre los ejércitos del Bien y del Mal, el regreso de Cristo y la llegada del Milenio. Durante la Guerra Fría la imaginación religiosa de los fundamentalistas americanos no dudó de que la Batalla Final tendría de un lado al ejército soviético y del otro el americano, para lo cual EE.UU. debía constituirse en aliado incondicional de Israel.

Esta mezcla de fundamentalismo religioso, patriotismo americano, fervor anticomunista y convicción de que la existencia del estado de Israel es indispensable para que Dios pueda cumplir lo prometido en su Palabra, se ha difundido naturalmente entre muchos evangélicos de todo el mundo, debido al importante papel de los americanos en la expansión de la fe evangélica.

Por cada presunta profecía respecto a un futuro glorioso para el estado moderno de Israel, se pueden encontrar en la Biblia fácilmente dos docenas de profecías auténticas que exigen de toda persona y de toda nación la justicia, la atención a los oprimidos y el amor al prójimo.

Durante la época que narran los libros de Reyes y de Crónicas en la Biblia, no faltaron falsos intérpretes de la voluntad divina, que aseguraban sin cesar que Israel, Judá o Jerusalén, sencillamente por haber sido elegidas por Dios, jamás caerían sino que figurarían eternamente en el plan divino para la humanidad. Los verdaderos portavoces de Dios vieron de antemano con toda claridad que esas sociedades, por la injusticia y la opresión que las sostenían, tarde o temprano serían juzgadas severamente y destruidas por la justicia divina. Lo cual efectivamente sucedió. Los verdaderos profetas sabían que Dios no es racista: no es antisemita por supuesto; pero tampoco es anti ninguna otra raza humana.

El estado de Israel es el más reciente de los muchos creados en tierras ajenas por emigrantes europeos. La guerra entre palestinos e israelíes produce una triste sensación de déjà vu, de «esto ya lo he visto». Es otra vez la conquista del oeste americano. Una población autóctona resiste con medidas desesperadas de guerrillas, de terrorismo, de ataques furtivos, con flechas y hachas de piedra entonces, con piedras y bombas caseras hoy. Mientras tanto los emigrantes europeos persiguen sin cuartel el objetivo final de cuyo éxito final jamás se podrá dudar: su nación «moderna» y «civilizada» habrá de imponerse.

Tanto los indios de otra época como los palestinos de hoy, parece ser, deberían sencillamente haber previsto que estaban destinados a perder sus tierras, su nación y su identidad. Deberían haber tenido el buen gusto de desaparecer sin quejarse ni resistir.

La injusticia de los planteamientos israelíes escandaliza la sensibilidad de cualquier persona moral y no me cabe duda que ofende el sentido de justicia de Dios mismo. ¿De verdad ha decretado Dios despojar a los cristianos y musulmanes que desde hace siglos venían conviviendo en aquella tierra pacíficamente con sus judíos autóctonos?

La guerra, el odio y el racismo en Israel están segando y segarán al fin el juicio de Dios, tal como siempre ha sucedido en todas las naciones de la humanidad. Dios no hace acepción de personas ni de razas ni de naciones.

¿Y qué entonces de las promesas y profecías bíblicas? Según los apóstoles, según el Nuevo Testamento desde Mateo hasta el Apocalipsis, todas las profecías se cumplieron y se cumplen en la persona de Jesucristo. La esperanza cristiana aguarda la consumación final de lo conseguido ya en su cruz y su resurrección. Esa consumación no requiere otra obra adicional. No requiere otra intervención divina distinta a la realizada por Jesús en la cruz. Y desde entonces Dios no tiene otro pueblo que el que está compuesto por los que siguen al manso y humilde rabino judío del Nazaret de hace 2000 años, Jesús.

Esta imparcialidad divina jamás debió dar lugar a la herejía del antisemitismo, esa saña con que los cristianos han aterrorizado durante siglos a sus pobres vecinos judíos. Tampoco da lugar a suponer que el presente estado de Israel tenga otra naturaleza ni otro destino que cualquier otro estado contemporáneo. Según Jesús, quien vive por la espada a espada morirá y serán los mansos los que hereden la tierra.

¡Conceda Dios paz a todas nuestras naciones, y jamás halle a sus hijos apoyando la injusticia, la opresión y el expolio!


JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 6

JESÚS Y LA BENDICION DE ABRAM

El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!» (‭Génesis‬ ‭12‬:‭1-3‬ NVI).

¿De qué forma es Israel una bendición a las demás naciones? Sólo porque fue el pueblo que Dios escogió para que llegara el Mesías.

Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa. "Hermanos, voy a ponerles un ejemplo: aun en el caso de un pacto humano, nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado. Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo. Lo que quiero decir es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente; de haber sido así, quedaría sin efecto la promesa (‭Gálatas‬ ‭3‬:‭14-17‬ NVI).

Pablo interpreta que la «descendencia» de Abrahám, en singular, no son muchos sino uno solo, Jesucristo, ya que únicamente Él, siendo el Hijo de Dios, y haciéndose obediente hasta la muerte, posee todos los bienes divinos y los comunica al hombre.

Sin embargo es bueno recordar las condiciones para ser bendecidos:

"Ahora, pues, este mandato es para ustedes, los sacerdotes. Si no me hacen caso ni se deciden a honrar mi nombre —dice el Señor Todopoderoso—, les enviaré una maldición, y MALDECIRÉ SUS BENDICIONES. Ya las he maldecido, porque ustedes no se han decidido a honrarme. »Por esto, voy a reprender a sus descendientes. Les arrojaré a la cara los desperdicios de los sacrificios de sus fiestas, y los barreré junto con ellos" (‭Malaquías‬ ‭2‬:‭1-3‬ NVI).

Este texto nos Recuerda que las bendiciones de Dios suponen ser duraderas, pero Dios guarda el derecho de convertir bendición en maldición si resulta que el bendito no hace lo que Dios espera. En el sentido más absoluto, la bendición y la maldición se presenta como el resultado de nuestra respuesta a Jesucristo, no a Israel.

Sólo hay un pueblo de Dios, no dos; una forma de salvación, no dos; una vía hacia la ciudadanía en la ciudad de Dios, no dos. Cualquier cumplimiento de promesas del Antiguo Testamento que pase por alto a Jesucristo, no puede ser el cumplimiento genuino que el Antiguo Testamento anticipa.

JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 5

JESÚS Y LAS FIESTAS JUDÍAS

"Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo. Todo esto es una SOMBRA de las cosas que están por venir; LA REALIDAD ESTA EN CRISTO".  (‭Colosenses‬ ‭2‬:‭16-17‬ NVI). (Énfasis mía).

 La primera  del año era la de  Purim  (suertes) celebrada en torno a nuestro primero de marzo en conmemoración de la liberación de los judíos de manos de Hamán, según narra el libro bíblico de Esther.  La segunda  era la  Pascua  celebrada el 14 de Nisán (cerca de nuestro inicio de abril) en memoria de la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto. En tercer lugar la Fiesta de los Panes sin levadura durante siete días. En cuarto lugar, los judíos celebraban la festividad de Pentecostés  que tenía lugar cincuenta días después de Pascua, cerca del final de mayo. Se conmemoraba en ella la entrega de la Ley a Moisés, así como la siega del grano del que se ofrecían en el Templo dos de los llamados "panes de agua".

En quintó lugar, nos encontramos con el  Día de la Expiación  que, en realidad, consistía más en un ayuno que en una fiesta. Era el único día en que el Sumo sacerdote podía entrar en el Santísimo para ofrecer incienso y rociar la sangre de los sacrificios. Tras realizar estos actos, se soltaba un macho cabrío al desierto que llevaba, simbólicamente, la culpa de la nación, y se sacaban fuera de la ciudad los restos de los animales sacrificados en holocaustos. Durante el día se ayunaba y oraba de manera especialmente solemne.

Cinco días después, la  sexta fiesta, de los Tabernáculos  o Cabañas, cercana a nuestro primero de octubre. Se conmemoraba con ella la protección de Dios sobre Israel mientras vagó por el desierto a la salida de Egipto y servía asimismo para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante el año.

Finalmente , nos encontramos con la  Fiesta de la Dedicación  (a mediados de nuestro diciembre, aproximadamente) que conmemoraba la restauración y rededicación del Templo realizada por Judas Macabeo.

Si aceptamos como históricas las tradiciones contenidas en el Evangelio de Juan sobre las visitas de Jesús a Jerusalén podemos ver que éste tendió a presentarse como una alternativa SUSTITUTORIA de las festividades judías. No es de extrañar que en su proceso de sustitución una de las acusaciones fuera la de amenazar con destruir el Templo, que constituía para los judíos la máxima expresión de espiritualidad, por eso no debería sorprendernos que el primer mártir cristiano, Esteban, fuera linchado bajo la misma acusación (Hechos 7).

 Cuando se produjo la destrucción del Templo, si para el judaísmo significó una tremenda desolación además de un conjunto de problemas teológicos (vg: ¿cómo expiar los pecados si ya no existía donde?), para los primeros cristianos no fue sino una confirmación de su fe .

Para los que confían en las fiestas, la advertencia es clara: La nación de Israel fue endurecida por su mismo orgullo al confiar en la elección y sus obras, pero Dios les dio un espíritu insensible, ojos con los que no pueden ver y oídos con los que no pueden oír, hasta el día de hoy (Dt.29:2ss e Is.29:10).

También Pablo cita el Salmo 69:"Sus fiestas se les conviertan en red y trampa, en tropezadero y en castigo. Que se les nublen los ojos para que no vean, y se encorven sus espaldas para siempre". Vemos entones que la fidelidad de Dios es a los israelitas del remanente y gentiles cristianos y condenación para siempre a la nación de Israel y los judíos que insisten en sus fiestas.

Si persistes en comprar la fidelidad de Dios por medio de las buenas obras, tus espaldas se encorvarán por el peso de ellas y el dolor, el temor y la opresión te llevarán a un profundo sentimiento de culpa, vergüenza y eterna frustración.

Primero dijo: «Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado» (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran). Luego añadió: «Aquí me tienes: He venido a hacer tu voluntad.» ASÍ  QUITÓ  LO PRIMERO PARA ESTABLECER LO SEGUNDO. Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, OFRECIDO UNA VEZ Y PARA SIEMPRE (‭Hebreos‬ ‭10‬:‭8-10‬ NVI).

Es por esta razón que los cristianos no celebramos las fiestas, ya que Jesús es el cumplimiento de cada una de ellas.

JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 4

JESÚS E ISRAEL
Tabla genealógica de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: (‭Mateo‬ ‭1‬:‭1‬ NVI).

Mateo al relacionar a Jesús con Abraham declara que la promesa de Dios de bendecir a las naciones se cumple ahora por medio de Jesús. Se ofrece una muestra temprana de esta promesa cumplida cuando los sabios de Oriente vienen a adorar a Jesús (Mt. 2). Más tarde, Jesús anuncia proféticamente que "muchos vendrán del Oriente y del Occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (8:11). Luego, en la conclusión del Evangelio, Jesús encomienda a sus discípulos a hacer "discípulos de todas las naciones" (28:19). Por medio de Jesús, Hijo de Abraham, todas las naciones son bendecidas y la promesa a Abraham se cumple.

Si Jesús es por quién se cumplen las promesas, entonces Jesús representa todo lo que un verdadero descendiente de Abraham debería ser. Jesús es , por lo tanto, el verdadero Israel; el que es y hace todo lo que ISRAEL tenía que ser y hacer. El ISRAEL histórico fracasó, y las promesas no llegaron a cumplirse por medio de los israelitas. Más bien, los profetas decretaron juicio y exilio, e Isaías declaró que  sólo un remanente volvería (Is.10:22). Ahora, Mateo proclama que el juicio a ISRAEL por medio del exilio encuentra su respuesta y esperanza en el nacimiento de Jesús desde la deportación de Babilonia hasta el Cristo. Jesús es el remanente que representa la esperanza y el renacimiento de Israel anunciados por los profetas. El es Israel, Hijo de Abraham. El prometido Hijo de David representaría en forma personificada a Israel, por medio del cual las naciones serían bendecidas. Isaías ya lo había dicho: "Del tronco de Isaí brotara un retoño" (Is.11:1). Esta promesa encuentra su cumplimiento en Jesús. Este es el Hijo de Dios y su trono es eterno (2Sam.7:14).

Las bendiciones prometidas a ISRAEL en el Antiguo Testamento encuentran su cumplimiento solo por medio de Jesús. El es Israel, la representación personificada del verdadero Israel y rey de Israel, Hijo de Abraham e Hijo de David.

Las promesas de Dios son para Israel, pero Israel no es constituido simplemente por derecho natural o de primogenitura. Las bendiciones no son automáticamente garantizadas si preserva la pureza del banco genético israelita o judío, o se mantiene sin tacha el árbol genealógico. Es Dios quien decide quién pertenece a Israel. Por eso es que encontramos gentiles en la genealogía de Jesús como Tamar, y Rahab, las cananeas, Ruth la moabita y Betsabe, la esposa de un hitita.

Dios escogió un pueblo universal, no limitado a la pureza racial. Dios incorporó gentiles a su genealogía. Por eso Israel ya no puede ser definido sin Jesucristo.  Esto es lo que quiso decir Pablo cuando afirmo: " no todos los que descienden de Israel son Israel (Ro.9:6). Decir que se tiene a Abrahám por padre nunca fue justificación suficiente para apropiarse de las promesas del pacto, ya que "aún de estas piedras Dios es capaz de darle hijos a Abraham" (Mt.3:9). No es ascendencia, es fe, no es un logro humano sino un regalo, elección y llamado de Dios en Jesucristo solamente.

JESUS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 3

JESÚS Y LA JERUSALÉN GEOGRÁFICA

Les dijo Jesús: —¿No han leído nunca en las Escrituras: »“La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular; esto es obra del Señor, y nos deja maravillados”? »Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino. (‭Mateo‬ ‭21‬:‭42-43‬ NVI)

Jerusalén personificó la promesa de la tierra con seguridad, paz y prosperidad como la Ciudad de Dios. Porque sólo donde Dios moraba existiría esa calidad esencial de santidad necesaria pasa poseer la tierra.

Sin embargo, en la era neotestamentaria le ocurrieron trágicos eventos. Fue destruida como cualquier ciudad temporal. Roma arraso con la Ciudad de Paz. Reinó  el caos y la destrucción. ¿Qué fue de las promesas?

Las  promesas no fueron cumplidas ni se cumplirán en la Jerusalén geográfica porque su gente respondió a Jesús como lo hicieron con los profetas. "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados" (Mt.23:37). Las consecuencias de esta actitud hostil a Jesús el Mesías es la pérdida de la tierra, ya que el reino de Dios les fue quitado (Mt.21:33-44). Jerusalén no entendió como recibir la herencia de la tierra ni como saber las condiciones necesarias para para recibir la paz prometida (Lc.19:42). Dios había visitado a Jerusalén en la persona de su Hijo, y Jesús había deseado reunir a los hijos de Jerusalén "como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas", pero ellos no tenían deseos de que esto sucediera. Por consiguiente Jerusalén quedó  abandonada, desprovista de la presencia prometida de Dios, y expuesta al juicio horrendo (Mt.23:37s; Lc.23:28ss).
En Galatas 3 Pablo dice que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia ya que esta sólo puede condenar al pecado humano. Por eso Pablo le dice a los que piensan que si cumplen la ley heredarán  la tierra prometida. Pero hay dos pactos representados por dos mujeres.  Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son hijos de esclavitud y responde a la actual Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud (Ga.4:25). En otras palabras Pablo declara que la Jerusalén contemporánea al tiempo de Pablo ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén ya no es más la prometida ciudad de libertad. Ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa, ciudad de salvación.
La otra mujer es Sara, esta representa la ciudad invisible, no en esta tierra. Es la Jerusalén celestial y la prometida ciudad de salvación. Todas las promesas de Salvación se asocian a esta ciudad. Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Jesucristo son hijos de esta mujer libre, y heredan las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén. Entonces la ciudad geográfica de Jerusalén es símbolo de la esclavitud de la ley, y la Jerusalén celestial es símbolo de la iglesia justificada por Dios y sólo esta es considerada como la Ciudad de Dios, la verdadera Jerusalén.
En Hebreos 11 la Jerusalén terrenal ya no es más la personificación de la esperanza. Ahora es la Jerusalén celestial, la cual Dios ha diseñado y construido (11:10,16). En los evangelios, la culpabilidad de la Jerusalén terrenal se hace visible en la crucifixión de Jesús. Dado que Jesús fue crucificado fuera de las puestas de la ciudad, la ciudad terrenal ya no es más la ciudad eterna. La eternidad le corresponde sólo a la ciudad que vendrá "pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera". (‭Hebreos‬ ‭13‬:‭14‬ NVI)
Las promesa que estaban ligadas a la Jerusalén terrenal están ahora adheridas a la Nueva Jerusalén celestial.  Los nombres que aparecen en el libro de la vida son los "ciudadanos del cielo".  "En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo". (‭Filipenses‬ ‭3‬:‭20‬ NVI). No son los judíos los ciudadanos de la verdadera Jerusalén, son los creyentes de cada tribu y nación redimidos por la sangre de Jesús en la cruz. No son los judíos los que se han acercado al monte Sión, sino los cristianos que vencen por la fe (Ap.3:12).
Dado que los requisitos para heredar la tierra se cumplen únicamente en Jesús, y dado que Jesús es el templo donde Dios mora, el Nuevo Testamento ubica a Jerusalén donde Jesús esta. Jesús está en el cielo y así mismo la verdadera Jerusalén.

JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 2

JESÚS Y EL TEMPLO

—Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre... Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. (‭Juan‬ ‭4‬:‭21, 23-24‬ NVI).

Los lugares sagrados específicos ya no tienen importancia. Ya no existen lugares sagrados, específicos, no existe Tierra Santa ( si, ya no existe, ni nunca existió, no desperdicie su dinero pensando que va a llegar más santo) no existe edificio sagrado, no existen utensilios sagrados para la adoración. Ya no se requiere ningún peregrinaje al templo sagrado que está en un monte sagrado. La adoración ahora es un tema universal y no esta ligada a ninguna ocasión sagrada o lugar sagrado en particular. Es posible ahora adorar en cualquier lugar y a cualquier hora.

Todo lo que se necesita para una verdadera adoración es el Espíritu y la verdad. Jesús es la verdad; y el da el Espíritu a todos los que creen en el. Por lo tanto, el único requisito para adorar genuinamente en la era del cumplimiento es que uno crea en Jesus y que haya recibido el Espíritu Santo.

Los templos de piedra y los montes sagrados han perdido su importancia porque Dios ya no habita más en allí para hacer de ellos lugares sagrados. Dios esta presente en Jesús y en el Espíritu, una acción que puede ser experimentada y adorada en cualquier lugar del mundo. La respuesta de Jesús a la samaritana anuncia el final drástico la era antigua del templo.

La promesa del templo de Ezequiel acerca de la gloria de Dios morando en medio de su pueblo se cumple en Jesús. Ezequiel 47 profetizó que un río fluiría desde el templo y renovaría la vida. Jesús anuncia que los ríos de agua viva fluyen ahora de
El, e invita a todos a beber (Juan 7:37-39). El templo es una metáfora de la unidad entre creyentes en Cristo que existe debido a la presencia del Espíritu de Dios que mora en ellos.

La casa que Dios prometió construir a David resulta ahora la casa que el hijo de David construye para Dios. La casa reedificada de David es el nuevo templo, y su piedra angular es Cristo. Todos los que creen en Cristo, el cual es hijo de David e Hijo de Dios, entran en la casa de David y la casa de Dios. Las promesas se han cumplido en Cristo. Cristo desplaza al templo limitado, construido sobre un monte santo específico. Por lo tanto no habrá nuevo templo. Jesús es la piedra angular del templo y nosotros las piedras.

JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 1

¿POR QUÉ UN ARMINIANO COMO MI AMIGO SE HACE JUDÍO SIN NINGÚN ESCRÚPULO?

El judaísmo como el arminianismo en su praxis no aceptan la comprensión de la cruz. La cruz de Jesús se ve sólo como un ejemplo de la enseñanza general en cuanto al sufrimiento del justo. Es decir, Jesús sufrió el martirio como muchas otras personas justas lo han han sufrido.

El judaísmo como el arminianismo creen que los seres humanos son "socios activos y colaboradores libres", y que en realidad la salvación es responsabilidad propia.

Para el judaísmo y arminianismo la palabra clave para la enseñanza acerca de Dios es reconciliación, la cual debe comenzar con los seres humanos si es que quieren alcanzar a Dios. La palabra clave no es redención, la cual proviene de arriba, sino arrepentimiento y contrición, los cuales provienen de abajo, y suben al trono de Dios.

La enseñanza judía tradicional y el arminianismo dice: "Sólo el arrepentimiento logra la redención y la hace realidad (entonces realmente no se necesitan los sufrimientos de un mesias).

El judaísmo y el arminianismo rechazan la cruz ya que la salvación está al alcance de uno mismo. Por lo tanto, el Jesús que pueden aceptar tiene que ser uno que funcione sólo como maestro de la ley y sabiduría, pero no como Salvador y Señor.