domingo, 31 de agosto de 2014

EVALÚE SU IGLESIA Y LIDEARAZGO

EVALÚE SU IGLESIA Y SU LIDERAZGO

El siguiente test fue preparado por John D. Goldhammer para a evaluación de líderes o grupos. Si usted hace parte de una iglesia, las siguientes preguntas le ayudarán a entender qué clase de liderazgo gobierna la iglesia:

1. ¿Su iglesia desprecia las dudas, las críticas o ideas que difieren de su credo? Si__ No__
2. ¿Tiende a justificar o racionalizar las cosas que hace la iglesia así sean obviamente inadecuadas? SI__ No__
3. ¿A menudo se siente exhausto de actividades largas, reuniones y proyectos? SI__ No__
4. ¿La iglesia tiene sus propias palabras, clichés, eslóganes, cantos, oraciones y frases que refuerzan su punto de vista? SI__ No__
5. ¿Ve las dudas como una falta de fe, dedicación, compromiso o deslealtad? SI__ No__
6. ¿Frecuentemente "sus pensamientos" se vuelven "su enemigo?" SI__ No__
7. ¿A  menudo te encuentras haciendo más y más cosas en la iglesia de lo que habrías hecho espontáneamente? SI__ No__
8. ¿La iglesia humilla o critica a sus miembros públicamente? SI__ No__
9. ¿La iglesia tiene un sistema de maldiciones y bendiciones la por conducta? SI__ No__
10. ¿Su iglesia piensa obsesivamente que otras iglesias o personas con diferentes creencias deben ser alcanzados? SI__ No__
11. ¿Le produce temor considerar salir de su iglesia? SI__ No__
12. ¿Siente que necesita abandonar la iglesia en secreto? SI__ No__
13. ¿Se le ha dicho que algo malo puede pasarle si abandona la iglesia? SI__ No__
14. ¿Su iglesia piensa que está más cerca a la verdad que otras iglesias o que tiene la verdadera solución para los problemas del hombre? SI__ No__
15. ¿Están las ideas de sus pastores más allá de las dudas o que son sagradas? SI__ No__
16. ¿Su iglesia  cree que la obediencia y la lealtad al liderazgo deben ser incuestionables? SI__ No__
17. ¿Hay líderes en su iglesia que se sienten parte de una élite, escogidos, superiores, exclusivos? SI__ No__
18. ¿Siente usted la necesidad de convertir a otros a su iglesia, por ser la mejor? SI__ No__
19. ¿Guarda su iglesia reservas sobre su funcionamiento interno como finanzas,  enseñanzas, actividades o creencias? SI__ No__
20. ¿Cree usted que se puede ser más puro y santo en su iglesia, que en otra iglesia? SI__ No__
21. ¿Pone su iglesia su agenda sobre sus propias metas e ideales personales? SI__ No__
22. ¿Encuentra el pensamiento “nosotros-ellos”, “nosotros-contra-ellos”? SI__ No__
23. ¿Tiene su iglesia un enemigo externo muy definido? SI__ No__
24. ¿Cada vez se distancia más de su familia y amigos que no pertenecen a su iglesia o que están en desacuerdo con el credo de su iglesia? SI__ No__
25. ¿Usa su iglesia confesiones públicas que refuerzan la misión de la iglesia o su agenda? SI__ No__
26. ¿Es la comunicación interna y externa de la iglesia controlada o censurada de alguna manera SI__ No__
27. ¿Se critica, avergüenza o rebaja a los individuos que salen de la iglesia? SI__ No__
28. ¿Los miembros buscan la aprobación o piden permiso a los líderes de la iglesia aún para decisiones de la vida personal? SI__ No__
29. ¿Lo presionan para asistir a reuniones, eventos, conferencias o seminarios? ¿Y si no asiste se siente culpable? SI__ No__
30. ¿Se siente obligado a dar una porción de sus ingresos, bajo amenaza de maldiciones? SI__ No__
31.¿Son las necesidades financieras de la iglesia más importantes que su propio bienestar económico? SI__ No__
32. ¿Su iglesia tiene una estructura totalitarista: un estricto arriba-abajo y un mando centralizado? SI__ No__

JESÚS EL MESÍAS NO REINARÁ DESDE JERUSALÉN

Las Escrituras tienen una postura escatológica que, de manera general, enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según las Escrituras,  es como sigue:

1- Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual. Milenio. Presente.
Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Ro. 2:26-29; Ro. 4:9-12; Ro. 11:17-24; Ga. 3:14-16, 22, 23-29; Ef 2:11-22).

2- La Segunda Venida de Cristo. Advenimiento. Futuro.
La Segunda Venida de Cristo será un único evento, conjuntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mt. 24:3-44; 2 Tes. 2:1-3).

3- Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire. Rapto. Futuro.
La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mt. 13:24-30, 36-43; Mt. 13:47-50).

4- Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final. Juicio. Futuro.
Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo  y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (cp. Am. 9:11-12 con Hch. 15:14-18; Is. 65:17; 66:22 con Ap. 21:1).

5- Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad. Restauración. Futuro.

La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con las Escrituras (Mt. 12:32, Mr. 10:29-30, Lc. 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? En la Segunda Venida de Cristo (Mt. 13:24-30, 37-43; Tit. 2:11-13).

La división de la historia de la humanidad en dos etapas, enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con las Escrituras. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 P. 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

El debate en torno a Apocalipsis 20:1-10 puede ser explicado como un conjunto de visiones que, aunque suceden una detrás de la otra, representan un paralelismo progresivo que atraviesa toda la nueva dispensación desde la primera venida de Cristo hasta su retorno en gloria. (Ver por ejemplo Ap. 11:15-19 con Ap. 12:1-5).

Es por esta razón que la enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

Si no hay milenio en la tierra, a diferencia de lo que piensan los dispensacionalistas, tampoco es necesario que Israel reclame derecho divino sobre la tierra que alguna vez adquirió y que piensan Mesías reinará desde allí. Esta promesa del reino fue condicionada a la obediencia de Israel, la cual le fue quitada por no cumplirle a Dios (Mat.21:43).

JESÚS COMO MODELO DE AUTORIDAD ESPIRITUAL

JESÚS COMO MODELO DE LÍDER

Jesús legitimó la autoridad espiritual, pero no para adquirir poder o para controlar y manipular a otros. Dio una perspectiva balanceada sobre el propósito de la autoridad cuando dijo: “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mat.23:8), y “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca” (Jn.7:18ª). La hermandad, o sea el servicio entre los creyentes y la gloria de Dios son elementos esenciales del ministerio cristiano. No el egoísmo ni la gloria personal. Veamos algunas características de Jesús:

- Jesús no se preocupaba por su apariencia.
El andaba entre las prostitutas, los recaudadores de impuestos corruptos. Acusó el legalismo de los fariseos que enseñaban como “doctrinas, mandamientos de hombres” (Mat.15:9) y comparaba su apariencia hipócrita hacia la rectitud como “sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mat.23:27).

- Jesús no tuvo una actitud paranoica.
Su ministerio fue totalmente abierto al público.  Cuando fue interrogado le preguntaron acerca de su doctrina y él dijo: “yo públicamente he hablado al mundo… ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído…” (Jn.18:19-24).

- Jesús no tuvo temor de criticar a los líderes religiosos por sus falsas doctrinas (Mat.15:1-9; 23:1-39ss).  Cuando fue confrontado con críticas o con preguntas capciosas para desacreditarlo, sus respuestas no fueron guardar silencio o desviar la atención,  El siempre dio respuestas escriturales y razonables a sus detractores. (Luc. 7:36-47; Mat.19:3-9).

- Jesús respaldó los estándares altos de la ley, pero también consideró las necesidades básicas de la gente antes que las reglas (Mat.12:1-13; Mar.2:23-3:5). Las Escrituras son claras al declarar que ninguno dejará de pecar en esta vida (Jn.5:24; 6:37-40), un tema desarrollado por Pablo en sus epístolas, y por Juan (1Jn.5:10-13). Los fariseos, líderes esencialmente abusadores espirituales, fueron desbalanceados en su percepción de qué era lo que más le importaba a Dios. Jesús les dijo: “…porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe…” (Mat.23:23).

Permita Dios que podamos ejercer nuestro ministerio como él lo ejerció y así poder servir a otros y honrar a Dios.

EL ABUSO DE AUTORIDAD ESPIRITUAL EN LAS ESCRITURAS

El abuso de autoridad espiritual es un problema moral que se justifica con textos bíblicos mal interpretados. El hecho de que en los últimos años las iglesias estén fallando en presentar una doctrina sana sobre la autoridad las ha llevado a practicar varias características que son típicas de las sectas.

El abuso de autoridad espiritual puede presentarse en el contexto de iglesias con doctrina sana, predicaciones bíblicas o conservadoras. Todo lo que se necesita, para que haya abuso espiritual, es un líder megalómano que no le rinde cuentas a nadie, y por lo tanto, difícil de confrontar.

Cuando la autoridad de un líder es ilimitada, cuando no tiene a quien rendir cuentas, o evita responsabilizarse con una denominación, o entidad que lo acompañe, termina generalmente adquiriendo un complejo mesiánico para luego sufrir de megalomanía, una debilidad moral que se caracteriza por la sobreestimación de las capacidades propias. Esta clase de líder cree poseer una fuerza espiritual muy superior a la de los demás y puede moverse desde una simple sobrevaloración de sí mismo hasta la magalomanía crónica.

Para el líder megalómano el mundo exterior está poblado de enemigos contra el mismo y su iglesia. Hay un pensamiento de "nosotros contra ellos" que permea todos sus discursos.  Como consecuencia, aparece la idea de que debe existir una razón de peso que lo impulsa a preocuparse excesivamente por él y su iglesia.

Sufre de delirios de grandeza hasta adoptar títulos de  liderazgos históricos haciéndose llamar profeta, apóstol, patriarca o cualquier otro título que lo ubique por encima de la mayoría. Un buen ejemplo contemporáneo es el famoso y hereje movimiento de la "Reforma Apostólica". La megalomanía también está relacionada con la paranoia (un delirio de persecución) y la victimización, "todos me odian".

En la documentación histórica de las Sagradas Escrituras se han registrado casos de líderes megalómanos. Estos líderes que debían ejercer su oficio con el fin de guiar y servir al pueblo, además de glorificar a Dios, terminaron destruyendo los derechos de sus seguidores, su bienestar espiritual y emocional, además de robarle la gloria a Dios.
Veamos algunos ejemplos bíblicos de esta conducta siempre condenada por los profetas, Jesús y los apóstoles.

En el Antiguo Testamento

- Saúl con la obsesión de ser el más importante y su miedo a perder su posición (1Samuel 16:1-2). En este caso, vemos que el problema de Saúl era su codicia por el poder. Amenazó al profeta Samuel si éste le declarara que había sido desechado por Dios como rey.

- Jeroboam con su sistema religioso controla a las multitudes para guardar su posición (1Reyes 13:3-4). En este caso se añade el deseo desenfrenado de detener a un profeta de Dios por sus profecías en contra de su actitud.

- Los Sacerdotes y profetas maltratando desde una posición religiosa (Jeremías 6:13-14). Este es uno de los pasajes donde es más evidente el abuso espiritual y donde hay más reprensión por parte de Dios. Estos líderes aconsejan al pueblo de Dios para que ignore sus necesidades reales ofreciéndole placebos en forma de respuestas fáciles y mediáticas (antigua versión de la hereje teología de la prosperidad).

- Otro caso son los líderes religiosos que no cumplían debidamente con su ministerio (Ez. 34:1-9,17-19). Dios los reprende duramente por descuidar su trabajo y por explotar a su pueblo para beneficio propio.

En el Nuevo Testamento.

En los registros del N.T. vemos también algunos líderes megalómanos que aprovechando su posición abusaron de su autoridad creando distorsiones en la forma cómo las personas se deben relacionar entre sí y con Dios.

- Los líderes ambiciosos. Jesús reaccionó con indignación contra los ladrones en el templo por abusar de las necesidades del pueblo para sus propios deseos egoístas (Jn 2:13-16).

- Los líderes legalístas. Jesús estuvo enfadado con aquellos que estaban más atentos a las leyes que a las necesidades del pueblo (Mr.3:1-5).

- Los discípulos. Antes de que Jesús anunciara su muerte sus discípulos ya estaban siendo atraídos por la autoridad que adquirirían a su lado. Sin embargo, con estas palabras Jesús estaba indicando la gran diferencia que había entre la autoridad que empleaba el mundo y aquella que prevalecía en Su reino. La autoridad de sus discípulos no debería ser ejercida de la misma forma como se ejercía en el mundo. Los discípulos están siempre en una relación diferente unos a otros, son hermanos, hijos de un Padre, miembros uno de otros. Jesús lo dijo claramente “…porque uno es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8).

- Los líderes manipuladores. En este texto Jesús describe el abuso espiritual en gran detalle (Mat.23). Los líderes religiosos que exigen el esfuerzo de la gente, ofrecen un dios que no levanta las cargas, sino que les coloca otras cargas que son más pesadas, lo que normalmente se denomina legalismo (Mt.11:28-30, 23:1-4; Luc.22:25-26).

- Los altos mandos religiosos y estatales. Esteban llamó a los líderes judíos a hacerse responsables por sus actitudes abusivas. Su testimonio de Cristo, de quienes ellos habían abusado, los exasperó a tal punto que lo apedrearon hasta morir (Hech. 7:51-56).

- Los legalistas. La epístola de Pablo a los Gálatas tiene el propósito de exhortar a los líderes cristianos a que vuelvan a la base del cristianismo bíblico sobre la gracia y abandonen el legalísimo.

- Los que se creen amos de los demás. Pablo les recuerda a los corintios acerca de su autoridad apostólica, “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes”  (2Co. 1:24).  En la misma carta describe su desaprobación, de cómo los corintios aceptaban a ciertos líderes “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas” (2Co.1:24).

- Los que usan el dominio sobre los demás. Pedro también está atento de advertir a los líderes a: “apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” (1Pe.5:2,3).

- Los que que aman estar sobre los demás. Juan en su tercera epístola hace referencia a un líder llamado Diótrefes que le gustaba tener el primer lugar entre sus hermanos, que se oponía a que sus discípulos recibieran a Juan y a los suyos, y que expulsaba de la iglesia a los que disentían con él.  Este es un claro ejemplo de alguien que sin lugar a dudas abusaba de sus seguidores intimidándolos si no se sometían a su voluntad.

Por veinte siglos la iglesia ha ignorado estos ejemplos de megalomanía. Es claro que Jesús y los apóstoles estaban conscientes del peligro de que se desarrollara una autoridad abusiva y megalómana en las iglesias. Por eso el llamado a los pastores no es la de adueñarse de las iglesias y sus asistentes, sino cultivar la responsabilidad de que los creyentes se soporten unos a otros, confiesen sus pecados unos a otros, se amonesten, se exhorten y sean testigos fieles a Jesucristo ministrando las necesidades espirituales en un mundo herido.

DINÁMICA DEL ABUSO DE AUTORIDAD ESPIRITUAL

El abuso de la autoridad espiritual funciona a partir de un uso inadecuado de la autoridad que identificamos como “poder abusivo”.  Esta dinámica del poder se desarrolla  en la iglesia  por causa de una doble moral apoyada por la manipulación y el autoritarismo.  Sin embargo, para que la manipulación y el autoritarismo sean posibles es necesario que se maneje una comunicación, que por lo general se caracteriza por las “reglas tácitas” y por la “contradicción”. Se entiende por “reglas tácitas” todas aquellas reglas que no son explícitas, es decir reglas que existen pero que por su carácter evidentemente inmoral, no se expresan.  La “comunicación contradictoria”, es a su vez, aquella comunicación con doble sentido.  Se dice algo sin mucha claridad para no crear compromiso y poder así cambiar las reglas.  El fin de esta clase de comunicación es hacer posible la manipulación y el autoritarismo.

El abuso de autoridad espiritual se puede presentar de dos formas: La primera sucede cuando un líder usa su posición para controlar o dominar a otra persona o a un grupo para su beneficio personal.  Esta actitud incluye el avasallamiento de los sentimientos y opiniones de sus seguidores, sin considerar sus apreciaciones, o crecimiento espiritual.  En este caso, la autoridad se usa para reforzar una  posición o las necesidades del líder atropellando a quienes lidera.  Esta clase de abuso es supremamente sutil; por esa razón, es necesario reflexionar al respecto. La segunda forma de abuso se presenta cuando se emplea la espiritualidad para hacer que otras personas vivan según ciertas “normas”, buscando que ellas tengan un mejor “desempeño espiritual” sin  considerar su bienestar personal de una forma integral.

¿QUÉ ES ABUSO ESPIRITUAL?


Definir el abuso de autoridad no es una tarea fácil, ya que para algunos una actitud que puede ser abusiva, para otros puede no serlo; lo que una persona considera un exceso en los límites de autoridad, para otra puede ser algo totalmente normal y aceptable.

Para definir el abuso podríamos decir entonces éste se presenta cuando una persona maltrata, explota o engaña a otra, dejando a un lado la consideración, el respeto y la justicia.

Partiendo de esta descripción, abuso espiritual se ocurre cuando este abuso se presenta en un contexto religioso o espiritual como en las iglesias, movimientos paraeclesiales, instituciones interdenominacionales o de formación religiosa. Es decir, en contextos donde se considera la dirección de Dios como un factor determinante para la vida. Esto es lo que hace que el abuso en este contexto sea tan dañino y difícil de detectar en lo que corresponde a los límites que deben enmarcar la normalidad de tal dirección. Dañino también, porque la persona está buscando a través de la dirección de Dios un estilo de vida que provea significado y propósito, más allá de lo temporal; y difícil de detectar, porque es Dios quien dirige la vida de estas personas, lo que hace creer que todo lo que se dice y se hace de parte de los líderes espirituales es permitido y auspiciado por Dios.

jueves, 28 de agosto de 2014

JERUSALÉN NO ES NI SERÁ CIUDAD DE PAZ

En el A.T. Jerusalén personificó la promesa de la tierra. Todo lo que se había prometido concerniente a la tierra, seguridad, paz y prosperidad, dependía de la OBEDIENCIA de la ciudad de Jerusalén como Ciudad de Dios. Porque sólo donde Dios moraba existiría esa calidad esencial de santidad necesaria para poseer la tierra. Con razón, entonces, que toda la atención se enfocaba en Jerusalén. Las esperanzas de Israel para obtener salvación, libertad, y paz, estaban incorporadas al destino de esa ciudad. Sin embargo, en la era neotestamentaria le ocurrirían trágicos eventos a esa ciudad. La ciudad “eterna” fue destruida como cualquier ciudad temporal de la historia universal. El aparato bélico del imperio Romano arrasó con la “Ciudad de la Paz”.

Las promesas no fueron cumplidas en la Jerusalén geográfica porque su gente respondió a Jesús tal como lo hicieron con los profetas que Dios les envió a lo largo de la historia: “!Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!” (Mat.23:37). La consecuencia de esta respuesta hostil a Jesús es pérdida de la tierra, ya que el reino de Dios les será quitado (21:33-44). Los líderes de Israel no entendieron cómo recibir la herencia de la tierra ni cómo saber las condiciones necesarias para para recibir la paz prometida (Luc.19:42). Dios había visitado a Jerusalén en la persona de su Hijo, y Jesús había deseado reunir a los hijos de Jerusalén “como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas”, pero ellos no tenían el deseo de que eso sucediera. Por consiguiente, Jerusalén quedó abandonada, desprovista de la presencia prometida de Dios, y expuesta al juicio horrendo (Mat.23:37;Luc.23:28ss). Inclusive el templo sería destruido, y vendrían días de venganza (Mat.24; Luc.21). En lugar de prosperidad, vendría una terrible destrucción; en lugar de paz, violencia; en lugar de regocijo, llanto. Jesús lloró por Jerusalén a causa del futuro que vendría sobre ella (Luc.19:41ss).

LA JERUSALÉN TERRENAL NO ES LA CIUDAD DE DIOS


LA JERUSALÉN TERRENAL NO ES LA CIUDAD DE DIOS

En Hebreos 8 el autor comprende que el fracaso de Israel hizo que hubiera una diferencia entre la Jerusalén terrenal y la Jerusalén celestial. Los creyentes del A.T. no recibieron lo prometido durante su peregrinaje histórico en este mundo para que “ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor” (11.40). En los planes de Dios, el cumplimiento de las promesas del A.T. acerca de la tierra y la ciudad requerían incluir a los creyentes del N.T. por consiguiente, la Jerusalén terrenal ya no es más la personificación de la esperanza. La personificación de la esperanza es ahora la Jerusalén celestial, la cual Dios ha diseñado y construido (11:10,16).

La culpabilidad de la Jerusalén terrenal se hace visible en la crucifixión de Jesús. Dado que Jesús fue crucificado fuera de las puertas de la ciudad, la ciudad terrenal ya no es más la ciudad eterna. La eternidad le pertenece sólo a la ciudad que vendrá (13:14). La ciudad terrenal ya no puede ser el agente y objeto del cumplimiento de las promesas. Es la ciudad celestial la que recibe las promesas ya que Cristo está en ella. Él es el templo donde Dios mora. No en Jerusalén.
En este contraste, sólo la Jerusalén celestial puede ser considerada como Ciudad de Dios.

JERUSALÉN, CIUDAD DE ESCLAVITUD

JERUSALEN, CIUDAD DE ESCLAVITUD

En Gálatas 4 se encuentra una sorprendente respuesta a la interrogante acerca de Jerusalén. Pablo adopta la enseñanza de Gálatas 3 que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia, ya que ésta sólo puede condenar al pecado humano. Pablo condena a aquellos que creen que la herencia prometida se puede obtener cumpliendo la ley. Los dos pactos son representados por dos mujeres. Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son los hijos de esclavitud. Lo que sorprende es que Agar representa a Sinaí y “corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud” (Gál.4:25). En otras palabras, Pablo declara que la ciudad de Jerusalén, por no someterse a la ley para obtener justicia y heredar las promesas, ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén, ya no es más la prometida ciudad de libertad. La Jerusalén histórica ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa y de salvación.

¿Qué sucede entonces con las promesas a Jerusalén? Asombrosamente Pablo habla de otra Jerusalén, representada por Sara como la madre de Isaac; pero esta Jerusalén aun no es visible, no está en la tierra. Esta Jerusalén es “celestial” y es la prometida ciudad de salvación. Es la ciudad de la que habla Isaías que tendría más hijos que la Jerusalén anterior al exilio, porque sus ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo (Gál.4:26ss). Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Cristo son hijos de esta mujer libre, y heredarán las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén.
Entonces, para Pablo la desobediencia histórica del Israel judío ha deshecho la importancia salvífica de la Jerusalén histórica. La incredulidad del Israel judío ha dividido en dos la imagen unificada de la Jerusalén que se encuentra en los profetas: la ciudad geográfica en la historia, símbolo ahora no de salvación sino de esclavitud bajo la ley, y “la Jerusalén celestial” cuyos ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo para heredar las promesas.


En Gálatas 4 se encuentra una sorprendente respuesta a la interrogante acerca de Jerusalén. Pablo adopta la enseñanza de Gálatas 3 que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia, ya que ésta sólo puede condenar al pecado humano. Pablo condena a aquellos que creen que la herencia prometida se puede obtener cumpliendo la ley. Los dos pactos son representados por dos mujeres. Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son los hijos de esclavitud. Lo que sorprende es que Agar representa a Sinaí y “corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud” (Gál.4:25). En otras palabras, Pablo declara que la ciudad de Jerusalén, por no someterse a la ley para obtener justicia y heredar las promesas, ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén, ya no es más la prometida ciudad de libertad. La Jerusalén histórica ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa y de salvación.

¿Qué sucede entonces con las promesas a Jerusalén? Asombrosamente Pablo habla de otra Jerusalén, representada por Sara como la madre de Isaac; pero esta Jerusalén aun no es visible, no está en la tierra. Esta Jerusalén es “celestial” y es la prometida ciudad de salvación. Es la ciudad de la que habla Isaías que tendría más hijos que la Jerusalén anterior al exilio, porque sus ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo (Gál.4:26ss). Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Cristo son hijos de esta mujer libre, y heredarán las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén.
Entonces, para Pablo la desobediencia histórica del Israel judío ha deshecho la importancia salvífica de la Jerusalén histórica. La incredulidad del Israel judío ha dividido en dos la imagen unificada de la Jerusalén que se encuentra en los profetas: la ciudad geográfica en la historia, símbolo ahora no de salvación sino de esclavitud bajo la ley, y “la Jerusalén celestial” cuyos ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo para heredar las promesas.

domingo, 24 de agosto de 2014

LA RESPONSABILIDAD DE ISRAEL ES MAYOR

LA RESPONSABILIDAD DE ISRAEL ES MAYOR

"Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá" (‭S. Lucas‬ ‭12‬:‭45-48‬ RVR1960).

En estos últimos días me han preguntado ¿Por qué estoy siendo tan exigente y crítico con Israel y la iglesia dispensacionalísta a causa de su genocidio contra los palestinos en Gaza, y casi no digo nada en contra de estos?

Pues bien, hay sólo una razón, y es que estoy aplicando un principio de ética cristiana que dice: "al que más se le da, más se le demanda".  Principio que usaron los profetas y Jesús para exhortar a su pueblo Israel como poseedora de la Ley de Dios y que también usó Pablo con la iglesia como poseedora del Evangelio.

Todo creyente debe aplicar este principio, no sólo a estos dos pueblos, Israel y la Iglesia, sino también a su propia vida, "si se te ha dado más, se te va a demandar más".

En nuestro caso, Israel es más responsable porque recibió más de Dios, así lo dice este texto de Lucas donde Israel es el siervo que ha golpeado a los profetas, se ha dedicado a llevar una vida libertina y ha rechazado, matando a Jesus el Mesías.

Las consecuencias de esta incredulidad las describe Jesus diciendo que los castigará duramente, los pondrá con los infieles y recibirán muchos azotes. Sin embargo los que no sabían de la Ley e hicieron cosas dignas de azotes como los gentiles (incluidos los palestinos) serán azotados poco.

Este mismo principió lo usa Pablo en su epístola a los Romanos 2:17-23; 3:1-2 y 9:4-5. Donde coloca sobre Israel la mayor responsabilidad por el privilegio de haber sido escogido dándosele la adopción, la gloria, el pacto, la ley, el culto, las promesas y los patriarcas de los cuales vino el Mesías.

Es por esta razón que escribo más sobre el pecado de Israel, porque tiene mayor responsabilidad y azoto menos a los palestinos, que se les ha dado mucho menos.

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿CUANTO VALE DIOS?

Cuánto vale Dios ¿Cuánto pagaría usted por los recortes de uña de otra persona? ¿Y por un frasco de cucarachas? Quizás una papa frita con el aspecto del logo de Nike lo motive a hacer una inversión monetaria. Cada uno de estos artículos está a la venta en el famoso sitio de subastas, eBay. Si el éxito de eBay no nos ha dejado ninguna otra lección, al menos ha revelado que la gente está dispuesta a pagar por cualquier cosa. En ocasiones, incluso están dispuestos a pagar por nada. De hecho, varias personas han anunciado que no tienen «nada» que vender y, aunque resulte inexplicable, algunos han expresado su deseo de comprar nada. Tal como lo declara el anuncio de la compañía, sea lo que sea que usted busque, no topará con problemas de encontrarlo en eBay, ¡aun cuando eso se trate de nada!
Todo tiene un precio
Lo que permite a una sociedad de consumo seguir funcionando es la convicción de que es posible asignarle a todo un valor económico, aun a una papa frita o a los recortes de uña de una persona. Cuando se le asigna a algo un valor, eso se convierte en producto. El valor asigna¬do no sostiene ningún vínculo con lo que en realidad es el objeto, sino con el importe por el que puede intercambiarse. En una economía de subsistencia, por ejemplo, un agricultor valora el arroz que cultiva porque ese grano le permite alimentar a su familia. Esa valoración del arroz está ligada a sus propiedades nutritivas. Cuando el agricultor cultiva más arroz de lo indispensable, sin embargo, puede cambiarlo por ropa, herramientas u otros recursos que cubran las necesidades que posea. El agricultor ya no valora el grano por sus propiedades esenciales, sino por los elementos con los cuales consiga intercambiarlo. Ya no posee un valor intrínseco, sino asignado. Es decir, el arroz se ha convertido en un producto.
Con el pasar del tiempo el sistema capitalista ha exigido nuevas fuentes de riqueza. Elementos que, en otros tiempos, se consideraban mas allá de la explotación económica ahora también han llegado a ser productos. En Cochabamba, Bolivia, por ejemplo, una compañía americana no solamente logró con éxito privatizar el agua, sino que también consiguió cobrar por la recolección del agua de lluvia. Una protesta masiva de los pobres eventualmente llevó a que se anulara este descarado comercio.
¿Cuán útil es?
El problema en la cultura de consumismo no es el espíritu mercantilista que lo controla, sino el hecho de que no quedan esferas de la vida que este espíritu no consiga afectar. Hemos cedido frente a la idea de que absolutamente nada en la vida posee un valor intrínseco. Creemos que algo posee valor solamente en la medida que nos resulte útil.
Con tristeza vemos que ahora esta convicción también incluye a las personas. Los índices de divorcio han subido de manera alarmante a medida que las personas entienden el matrimonio como una relación descartable. Cuando a alguien ya no resulta útil, su cónyuge puede abandonarlo o reemplazarlo por otro u otra.
El aborto, que es la interrupción de un embarazo indeseado, se considera moralmente aceptable porque un niño que no ha nacido no es aún persona. La etiqueta de «persona» se ha reservado para aquellos que ya poseen alguna utilidad para la sociedad.
La pornografía, la prostitución y el tráfico de niños es el resultado de convertir el sexo en un producto comercial. Las personas de nuestra sociedad pueden mostrarse horrorizadas ante las barbaries del comercio de esclavos o del holocausto, pero la verdad es que el espíritu que convierte a seres humanos en productos ha cobrado hoy más fuerza que nunca antes.
Ni Dios se salva
La reducción aun de lo sagrado en un producto comercial ayuda a entender por qué mostramos tan poca reverencia por Dios. En una cultura de consumo no se le asigna a Dios valor alguno fuera del beneficio que pueda otorgarnos. Lo consideramos una herramienta que utilizamos, una fuerza que controlamos, un recurso que saqueamos. Le asignamos un valor (el significado literal de la palabra «adorar») no por lo que él es, sino por lo que puede lograr por nosotros.
Cristian Smith, sociólogo en la universidad de Notre Dame, dedicó cinco años a investigar la vida espiritual de los adolescentes en la sociedad americana. Concluyó que la mayoría de ellos (incluyendo los que asisten a una congregación) creen en el DTM: El deísmo moral y terapéutico. Smith explica:
Al hablar de «moral» me refiero a la convicción de que deben ser buenos y simpáticos… La palabra «terapéutico» significa que principalmente se preocupan por su propia felicidad, en lugar de estar enfocados en aprender la obediencia o el servicio hacia los demás. El «deísmo» significa que consideran que Dios es un ser distante e irrelevante para la vida. Solo debemos consultarlo cuando uno lidia con un problema para resolverlo. En otras palabras, Dios funciona como una combinación de mayordomo divino y terapeuta cósmico.
Smith cree que muchos adolescentes poseen esta perspectiva egocéntrica acerca de Dios porque la mayoría de los adultos que los rodean también lo ven así.
El espíritu mercantilista de la época ha llevado a muchos a creer que Dios es más un bien para usar que el Creador todopoderoso a quien debemos reverenciar. Esto también nos ayuda a entender por qué abunda, en nuestro lenguaje, las palabras insignificantes acerca de su persona. ¿Acaso nos sorprende que un mayordomo divino no invoque, entre nosotros, un silencio reverente? ¿Por qué la necesidad de moderar las palabras si uno está en presencia de un terapeuta cósmico? El dios del cristianismo consumista no inspira temor y asombro, porque no es más que un bien que nos ayuda a alcanzar la satisfacción y la realización personal.
No ha de sorprendernos, tampoco, que nuestra definición de quién es Dios coincida con muchas de las mismas convicciones que nosotros ya poseemos. Él ama a las mismas personas que nosotros amamos y rechaza a los mismos grupos que nosotros rechazamos.
El resurgimiento del evangelio de la prosperidad es un buen ejemplo de esta tendencia. La revista Time en un intento por responder a la pregunta «¿Quiere Dios que usted sea rico?», cita a la popular autora Joyce Meyer: «¿Quién quiere ser parte de una religión donde uno sufre miserias, es pobre, está quebrantado o es feo, cuya única propuesta es que intente manejar las cosas como pueda hasta que llegue al cielo?» Y Meyer no se equivoca. ¿A quién le puede interesar relacionarse con un Dios incontrolable, misterioso y santo cuando uno puede contar con un genio divino con solo frotar la Biblia?
Escapar del consumismo
Para escapar de esta distorsionada visión acerca de Dios, necesitamos romper con los parámetros de una cultura consumista, para que así logrmos recuperar la perspectiva de un ser que es mucho más grande que nuestras circunstancias. Nuestra imaginación puede recobrar su capacidad de asombro ante el Infinito si logramos dejar de pensar solamente en los beneficios que Dios pueda ofrecernos para nuestra propia vida. Esto exige que le demos la espalda a la cultura evangélica que tanto ha comerciado con la persona de Dios, para contemplar en silencio la magnificencia de su persona.
Imagine de qué manera cambiaría nuestra visión si escogiéramos apagar, por un instante, la radio cristiana para caminar en una tormenta de truenos. ¿Qué ocurriría si descartáramos nuestro libro de auto ayuda y nos sentáramos por una hora a la orilla del mar? ¿Qué aprenderíamos acerca de nosotros y la vida si dejáramos por un momento nuestro grupo de estudio bíblico y nos reuniéramos al aire libre, en una noche estrellada, para contemplar la inmensidad de los cielos?
No cabe duda de que la creación solo expresa una parte del carácter de nuestro Dios, pero esa perspectiva resulta fundamental para nuestro concepto de quién es él. Esto mismo señala el apóstol Pablo: «desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado» (Ro 1.20). Reconocer el carácter eterno de Dios es la decisión que más contribuye para que nos liberemos de esa tendencia de convertirlo en un bien por consumir. Este reconocimiento no debe ser intelectual, sino afectivo. Una correcta visión acerca de Dios comienza cuando comenzamos a percibir que somos seres con una proyección infinita.
Se adaptó de The Divine Commodity, de Skye Jetha¬ni, Zondervan, 2009. Todos los derechos reservados.

martes, 12 de agosto de 2014

LA BIENAVENTURANZA DE NO POSEER NADA

LA BIENAVENTURANZA DE NO POSEER NADA 

por A. W. Tozer

«Padre, ansío conocerte, pero mi cobarde corazón se resiste a dejar a un lado sus juguetes. No puedo deshacerme de ellos sin sangrar interiormente. Tampoco puedo ocultarte el terror que siento al pensar que debo separarme de ellos. Me acerco a ti temblando, pero heme aquí. Te ruego que desarraigues de mi corazón todo aquello que he amado más que a ti, entonces, harás que tu estrado sea glorioso. Tú me llenarás más allá que la pequeña satisfacción de las cosas.»

Todo lo que Dios creó fue para que el hombre disfrutara de ello, para su bienestar, pero fue concebido en el entendimiento de que todo estaría subordinado a Él. En lo profundo del corazón de Dios ha habido siempre un sitio sagrado al cual solo Dios podía tener acceso. Allí estaba Dios, y afuera los mil dones que nos regaló. Pero el advenimiento del pecado ha producido complicaciones y aquellos dones han venido a ser instrumentos dañosos para el alma.

Las raíces de nuestro corazón han quedado reducidas a «las cosas», y no nos atrevemos a despojarnos de ninguna porque tememos que al hacerlo muramos. Las «cosas» han llegado a ser indispensables, algo que nunca debió haber ocurrido. Es a esa tiranía de las cosas a lo que Jesucristo se refería cuando dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mateo 16.24).

Al tiempo del nacimiento de Isaac, Abraham era un hombre bien entrado en años. Ese recién nacido representaba todo aquello que más apreciaba y amaba el anciano varón: las promesas de Dios, los pactos, las esperanzas de años y los sueños mesiánicos. Fue entonces cuando Dios intervino para salvar tanto al padre como al hijo.

«Toma a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré» (Génesis 22.2). Hubiera sido preferible que el propio hombre hubiese sido el que debía morir; habría sido mucho más soportable para el anciano. ¿Cómo podía sacrificar al muchacho? ¿Cómo se cumpliría la promesa que había recibido: «En Isaac te será llamada descendencia?» No obstante, se levantó muy de mañana para cumplir la demanda de su Dios. Él lo dejó marchar hasta que llegara el momento del que ya no podría revertir los hechos. «Basta ya, Abraham. Nunca fue mi intención que sacrificaras al muchacho. Lo que quise fue sacarlo del templo de tu corazón para poder estar yo mismo allí, sin que nada pudiera disputármelo. Quise corregir el mal que había en tu amor. Ahora puedo contar con tu hijo, sano y bueno. Regresa; he visto que no te has resistido a mi demanda.»

Abraham era un hombre muy rico. Tenía bienes de toda clase. Tenía de todo, pero nada era suyo. Y ahora había aprendido que ni aun su hijo le era propio. Aquí aprendemos la dulce teología del corazón, la cual se aprende únicamente en la escuela del renunciamiento. Estoy convencido que después de esa amarga pero bendita exp¬riencia, para Abraham las palabras «mí» o «mío» no tuvieron ya la misma significación que antes.La sensación del derecho de propiedad había desaparecido de su corazón. El mundo decía: «Abraham es un hombre rico», pero el anciano se sonreía. No podía explicarles la situación, pero él sabía que nada de lo que tenía era suyo. El verdadero tesoro estaba en su corazón, y era eterno.

El hábito de apegarse a las cosas de la vida es uno de los más peligrosos. El mismo hecho de ser tan instintivamente natural hace que rara vez reconozcamos el mal que causa, pero sus resultados son trágicos. A menudo no le damos nuestros tesoros al Señor porque nos parece que si lo hacemos corren peligro. Pero nuestro Señor no vino para destruir, sino para salvar, y todo lo que encomendamos a su cuidado estará seguro. La verdad es que no hay nada que esté realmente seguro si no lo encomendamos a Él.

De igual manera sucede con nuestros dones y talentos. Ellos son simples préstamos que Dios nos ha hecho, y jamás debiéramos suponer que son de nuestra propiedad. No tenemos derecho a atribuirnos méritos o derechos de propiedad de ninguna habilidad que tuviéramos, de igual manera en que no lo tenemos porque nuestros ojos sean azules o nuestro cuerpo robusto, «Porque ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1 Corintios 4.7). Si buscamos a Dios y queremos seguir en pos de Él, tarde o temprano llegará el momento en que nos someterá a esta prueba.

No debemos olvidar que verdades como estas no se aprenden por medio de la repetición de palabras o «de memoria», como ocurre con las leyes de la física. Las verdades espirituales se aprenden por medio de la experiencia, de la vivencia. Si deseamos saber lo que son las bendiciones espirituales y sus consecuencias, debemos sentir en carne propia lo que experimentó Abraham. La antigua maldición no desaparece sin producir dolores. El tenaz y añoso avariento que tenemos en nuestro interior no se rinde ni muere acatando órdenes, sino que ha de ser arrancado, como se hace con la raíz de una maleza. Y nosotros, por nuestra parte, debemos resistirnos a demostrar lástima o compasión por nuestros sentimientos, sabiendo que ese deseo del propio beneplácito es uno de los más funestos de los pecados del corazón humano.


El autor vivió entre 1897 y 1963.

lunes, 4 de agosto de 2014

ISRAEL, GAZA Y EL "DERECHO DIVINO"


ISRAEL, GAZA Y EL "DERECHO DIVINO". Por John Piper.
La historia: los líderes palestinos pidieron un "día de furor" en Cisjordania el viernes, 25 de julio, después de que una escuela en Gaza que era utilizada como refugio de las Naciones Unidas fuera devastada. El gobierno palestino reclama que la huelga resultó en 16 personas muertas y más de 200 heridas. El viernes marcó el 18º día consecutivo de violencia entre los israelíes y militantes de Hamas en el Medio Oriente, una ola de conflicto aparentemente insoluble que ya ha cobrado más de 800 vidas (en su mayoría civiles).
Mientras tanto, miles de cristianos evangélicos se reunieron en Washington, D.C., para la cumbre de la semana pasada: Cristianos Unidos por Israel (CUPI). "Cuando te pones en contra de Israel has perdido tu brújula moral", dijo el fundador John Hagee a la multitud reunida. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (en un mensaje de vídeo grabado) y el embajador israelí en Estados Unidos, Ron Dermer también hablaron en la cumbre. Con casi 1.750.000 miembros, CUPI afirma ser la mayor organización pro-Israel en los Estados Unidos. 
Este tipo de acontecimientos en el Oriente Medio y en los Estados Unidos plantean preguntas típicas y vitales. ¿Posee Israel un "derecho divino" a la Tierra Prometida? ¿Qué es eso de "Tierra Prometida"? El interminable conflicto palestino-israelí ha estado siempre cargado de significado bíblico; después de todo, Israel no apodó la anterior campaña anti-Hamas "Operación Pilar de Nube" por nada.
El trasfondo: Hace diez años, John Piper, entonces pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, dió un sermón de Romanos 11:25-32 titulado "Israel, Palestina y el Medio Oriente". En él, se ofrecieron siete principios relativos a la cuestión del tema siempre controversial de "la Tierra":
  1. Dios escogió a Israel de todos los pueblos del mundo para ser su propia posesión. 
  2. La Tierra era parte de la herencia que le prometió a Abraham y a su descendencia para siempre.
  3. Las promesas hechas a Abraham, incluyendo la promesa de la Tierra, se heredan como un regalo eterno solo por el verdadero Israel espiritual, no por el desobediente, incrédulo Israel.
  4. Jesucristo ha venido al mundo como el Mesías judío, y su propio pueblo lo rechazó y rompió el pacto con su Dios.
  5. Por lo tanto, el secular estado de Israel hoy en día no puede reclamar un derecho divino a la Tierra, pero ellos y nosotros debemos buscar una solución pacífica no en base a derechos divinos presentes, sino en principios internacionales de justicia, misericordia y viabilidad práctica.
  6. Por la fe en Jesucristo, el Mesías judío, los gentiles se convierten en herederos de la promesa de Abraham, incluyendo la promesa de la Tierra.
  7. Por último, esta herencia del pueblo de Cristo ocurrirá en la segunda venida de Cristo para establecer su reino, no antes; y hasta entonces, los cristianos no debemos tomar las armas para reclamar nuestra herencia, sino dar la vida para compartir nuestra herencia con todos los que podamos.
Por qué es importante: Independientemente de dónde aterrices teológica o políticamente, los acontecimientos de las últimas tres semanas marcan otro desarrollo inquietante de la saga entre israelíes y palestinos. Esta es una excelente oportunidad para orar. Ore por los israelíes, portadores de la imagen de Dios, para que ellos escudriñen las Escrituras y encuentren vida en el Salvador (Juan 5:39-40,46). Para que descubran que el punto de encuentro entre Dios y el hombre ya no es un lugar, ya sea el templo reconstruido o hectáreas geográficas, sino una Persona resucitada y reinante y pronta a regresar (Juan 4:21-26).
Oren también por los palestinos, portadores de la imagen de Dios, para que vayan en masa a Jesús el Rey. Oremos especialmente por nuestros hermanos y hermanas palestinos en la fe; después de todo, hay mucho más cristianos palestinos en el Medio Oriente que lo que los titulares de las noticias suponen.
Que el Príncipe de Paz revele lo que está oculto (Lucas 19:41-42) y traiga eterna shalom (paz) a una Tierra que mana sangre y odio en donde se encuentra poca leche y miel.

sábado, 2 de agosto de 2014

RAZONES LEGÍTIMAS PARA SALIR DE UNA IGLESIA

Detesto el ir de iglesia en iglesia. Sin embargo, acepto el hecho de que hay momentos en que los cristianos deben transferirse de una iglesia a otra. Pero hay un momento adecuado y una manera correcta de salir de una iglesia.
¿Cuáles son las razones legítimas para salir de una iglesia?  ¿Cuándo es el momento adecuado para salir de una iglesia? ¿Cómo se debe salir de una iglesia para unirse a otra?

LUZ ROJA: RAZONES EQUIVOCADAS PARA DEJAR UNA IGLESIA

Aquí hay siete razones equivocadas para abandonar la iglesia. 

1. Pecado

Alguien ha pecado. Tal vez fue un líder. ¿Es esta una buena razón para salir? Irse a causa del pecado no promueve la santidad. Hubo un grave pecado en la iglesia de Corinto. Pero Pablo mandó a la iglesia a tratar con el miembro que había pecado, no a salir de la iglesia (1 Corintios 5:9-13). Cuando Pablo mandó a los santos a "salir de en medio de ellos", él se estaba refiriendo al mundo, no a la iglesia (2 Corintios 6:14-18). Debemos responder a los hermanos que pecan con restauración, no con amputación (Gálatas 6:1-5).

2. Desacuerdos sobre asuntos doctrinales secundarios

Las convicciones bíblicas son importantes. Pero no debemos estar dispuestos a morir en cada colina. Contiende ardientemente por la fe. Pero no se debe romper la comunión por cualquier desacuerdo sobre las Escrituras. Pablo aconsejó a Timoteo: "No dejes que nadie olvide estas cosas. Pon a Dios como testigo, y advierte a los miembros de la iglesia que no deben seguir discutiendo. Esas discusiones no ayudan a nadie, y dañan a quienes las oyen. Haz todo lo posible por ganarte la aprobación de Dios. Así, Dios te aprobará como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, y que enseña correctamente el mensaje verdadero. No prestes atención a las discusiones de los que no creen en Dios, pues eso no sirve de nada. Los que así discuten, van de mal en peor "(2 Timoteo 2:14-16 Versión Lenguaje Actual).

3. La falta de unión

Dios odia a los que siembran la discordia entre los hermanos (Proverbios 6:16-19).  Pero la evidencia de la salvación es el amor por sus hermanos y hermanas en Cristo (1 Juan 3:14). Y este amor se demuestra por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:1-3). No abandones el barco porque no puedes llevarte bien con los demás. Lo único que lograrás es tener el mismo problema en la próxima iglesia. "No hagan nada por rivalidad o vanagloria, sino con humildad cuenten a los demás como superiores a sí mismo", Filipenses 2:3.

4. Ofensas personales

Habrán momentos en que los cristianos pequen unos contra otros. ¿Entonces qué? Irte no es la respuesta. Desplazarse cada vez que seas (o te sientas) agraviado solo conducirá a múltiples transiciones de iglesia a iglesia. O te mantendrás en los márgenes de la iglesia, que es igual de malo. Jesús da la respuesta: "Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele, entre tú y él a solas. Si te hace caso, has ganado a tu hermano", Mateo 18:15. Estas simples instrucciones podrían impulsar el reavivamiento en muchas iglesias. Pero, ¿y si no hace caso? Presiona (Mateo 18:16-20).

5. Falta de voluntad para someterse a la autoridad

Aarón tal vez era más espiritual que Moisés. Josué puede que fuera un mejor líder. Pero la vara estaba en las manos de Moisés. No luches contra los que el Señor pone en el liderazgo sobre ti. Por supuesto, no debes sentarte bajo un liderazgo no bíblico, inmoral, o abusivo. Pero hay una manera de lidiar con los líderes descalificados (1 Timoteo 5:19-20). Sin duda, tus pastores deben rendir cuenta. Pero no ates a los líderes espirituales de la iglesia a tus preferencias personales, tradiciones vacías, o prioridades que no son bíblicas. Deja que los líderes guíen. Y sé dispuesto a seguirlos (Hebreos 13:0717).

6. Una baja visión de la iglesia

No hay ningún capítulo y versículo bíblico que te ordene ser miembro de una iglesia. Pero la Escritura enseña tanto por lo que se asume como por lo que manda. No existe una categoría bíblica de un "cristiano sin iglesia". Los apóstoles se preguntarían: "¿Por qué lo llaman cristiano si no es parte de la iglesia?". Cristo es la cabeza de la iglesia, y él no tiene experiencias fuera del cuerpo. No se puede estar conectado a la cabeza y desconectado del cuerpo. Cristo ama a la iglesia (Efesios 5:25-27), y amar a Cristo es amar lo que él ama.

7. Desobediencia a la verdad

Pablo le encargó a Timoteo a predicar la palabra (2 Timoteo 4:2). Luego advirtió que la fidelidad a esta carga podría causar que algunos huyeran: "Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos", 2 Timoteo 4:3-4. La predicación fiel impulsará a algunos a irse de la iglesia. Pero no se irán a casa. Van a encontrar una iglesia donde el predicador haga cosquillas a sus oídos. No permitas que te ocurra a ti. Si estás siendo enseñado en la sana doctrina y la predicación fiel, por el amor de Dios, ¡quédate!

LUZ VERDE: CUANDO ES TIEMPO DE DEJAR UNA IGLESIA

Aquí hay tres razones básicas y aceptables para salir de una iglesia.

1. Una razón del evangelio

Si la iglesia a la que vas no cree o enseña el evangelio bíblico, tienes que irte. Y ya. Los pecadores son salvos por la gracia mediante la fe en Cristo, sin añadir ni restar nada. Nada de lo que hacemos nos salva. La salvación es un don gratuito de Dios a aquellos que confían en la justicia de Cristo que murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos para nuestra justificación. Cualquiera que enseñe cualquier otro "evangelio" es anatema (Gálatas 1:6-9). Y cualquier iglesia que abraza un falso evangelio no es una iglesia cristiana. ¡Corre por tu vida!

2. Una razón doctrinal

Aquí esta el asunto: debes salir de una iglesia cuando te exija negar en lo que crees o creer aquello a lo que te niegas. Uno tiene tres responsabilidades cuando se trata de la fe: (1) El derecho a vivir por fe (Romanos 14:23); (2) la vigilancia de la conciencia contra el pecado (Santiago 4:17); y (3) el mandamiento de poner a prueba todas las cosas (1 Tesalonicenses 5:21-21). No trates los asuntos doctrinales a la ligera. La verdad y la paz deben ser protegidas. Pero pasar por alto la verdad por causa de la gente solo produce una "paz" aparente.

3. Una razón personal

Hay muchas razones personales para dejar una iglesia. La más común es la reubicación. Si te has mudado a una ciudad diferente, es necesario ponerse bajo la autoridad de una iglesia local en el sitio donde vives. Esa fue la situación de Febe (Romanos 16:1-2). O tal vez tu iglesia está tan lejos de donde vives en la ciudad que salir de tal iglesia se es conveniente. Estas y otras razones personales similares son aceptables, son a veces razones necesarias para dejar una iglesia.

LUZ AMARILLA: CÓMO SALIR DE UNA IGLESIA

¿Cómo se puede salir de una iglesia local de una manera que honre a Cristo?

1. Ora

Las decisiones importantes deben realizarse únicamente después de la oración diligente. Dejar una iglesia es una de esas decisiones. Ora sobre tus motivos, tu ministerio y tus relaciones. Ora porque tu corazón sea guardado (Proverbios 4:23). Ora por sabiduría (Santiago 1:5). Ora por la sumisión a la voluntad de Dios (Colosenses 1:09). Ora en voz baja.  Es decir, ora, no hables. Hablar por hablar acerca de tus pensamientos y sentimientos –que ni están procesados– puede sembrar discordia.

2. Examina tus motivos

¿Por qué quieres irte? No estoy hablando de las razones políticamente correctas que les dices a los demás. Estoy hablando de las verdaderas motivaciones de tu corazón. ¿Las sabes? Pídele a Dios que te examine (Salmos 139:23-24). Entonces, sé honesto contigo mismo. Y sé honesto con Dios. Ten cuidado de no moverte por las razones equivocadas.

3. Revisa los compromisos que has hecho para servir

¿Prestas algún servicio en la iglesia? ¿Eres un líder? ¿Tu salida interrumpiría el ministerio? Responde a estas preguntas en oración antes de irte. Si has hecho compromisos, haz cuanto esté a su alcance para cumplir con ellos. Pon el honor de Cristo antes que el tuyo. Deja en el pasado los asuntos indignos (1 Corintios 15:58). No quieres encontrarte "ausente sin permiso" fuera de una misión que Dios te haya encomendado.

4. Asegúrate de que no tienes conflictos interpersonales no resueltos

No dejes una iglesia porque estás enojado por algo. No la dejes porque alguien te ha ofendido. Debes estar preparado para perdonar y buscar reconciliación. Jesús dijo: "Si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y vete. Reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda", Mateo 5:23-24. La comunión rota interfiere en la verdadera adoración.

5. Piensa en cómo tu traslado afecta a los demás

El cristianismo no se trata de ti. Se trata de Cristo y de los demás. Si tu corazón está bien, sentirás el peso de la forma en que tu potencial salida herirá o influirá en los demás. Si te puedes ir sin afectar a nadie, no eres un buen miembro. Si tu presencia importa, considera cómo tu ausencia conmoverá a otros. "Que cada uno de ustedes vele no solo por sus propios intereses", indica Pablo, "sino también a los intereses de los demás", Filipenses 2:4.

6. Determina dónde transferirás tu membresía antes de ir

No es la voluntad del Padre que sus hijos estén espiritualmente sin hogar. Pablo dice: "Así pues, ya no son extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios" (Efesios 2:19).  El Señor generalmente conduce hacia un lugar, no nos saca de un lugar. Debemos ser capaces de dejar una "dirección del destinatario" espiritual cuando salgamos de una iglesia. Y uno debería estar en la capacidad de ir a una nueva iglesia con la recomendación de su antigua iglesia.

7. Ten una reunión acerca de tu salida con tu pastor

Es justo que hables con tu pastor antes de salir de una iglesia. ¿Es él la razón por la que te quieres ir? Esa es otra razón por la qué uno debería programar una reunión. Hebreos 13:17 dice: "Obedecezcan a sus pastores, y sujéntese a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta. Para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso para ustedes".
Este articulo fue publicado originalmente el 17 de junio 2014 en el blog de H.B Charles Jr.. Traducido por Eddy Garcia.
HB Charles Junior es el pastor-maestro en la Iglesia Bautista Metropolitana Siloé de Jacksonville, Florida, donde ha servido desde el otoño de 2008. También el autor de dos libros y maneja de un podcast de predicación. Está casado con Crystal y tienen tres hijos.

martes, 29 de julio de 2014

GAZA, LA FRANJA DE LA HYBRIS

GAZA, LA FRANJA DE LA HYBRIS

Por Alberto Szpunberg *

No, decididamente no: la ultraderecha neoliberal y militarista que gobierna al Estado de Israel no me representa. Ni como judío, ni como poeta, ni como simple militante de causas justas, ni como anónimo ser humano. Digo no a este gobierno cruel, lo desconozco, le niego validez humanitaria, no es merecedor de la Jerusalén a la que volvemos nuestros ojos –ni de la terrenal Jerusalén, la de “abajo” (shelmata), ni de la Jerusalén celestial, la de “arriba” (shelmala)–, le prohíbo que hable en mi nombre o en el de mi pueblo, y menos en nombre de los mártires de la Shoá, nada tiene que ver con el pueblo milenario al cual pertenezco, ni siquiera lo avalan ni lo justifican los misiles disparados al bulto ni los túneles subterráneos ni las “guerras santas” de la demencia fundamentalista de Hamas. Tampoco las mejores tradiciones del humanismo judío, según las cuales me formé, tienen que ver con el actual gobierno de Israel.

No necesito apelar, ni con humildad ni con orgullo, a los grandes nombres que jalonan “2000 años de exilio”. Tampoco necesito invocar a los 36 Justos que sostienen el mundo, ni al Rabino de Kotzk, que sigue incitándome a no dejar de saltar hasta alcanzar el cielo. Me basta con mencionar a mi abuelito José, el cuéntenik del conventillo de Añasco, un vendedor ambulante que, todos los Días del Perdón, me transmitía ese sentido del humor con el cual, cubierto con su manto, en pleno Kol Nidrei, intentaba remontar la barbarie de incontables matanzas dándome ligeros codazos. En ese momento, alzaba la voz en la sinagoga y decía: “Tú nos elegiste entre todos los pueblos”... Y, muerto de risa, agachaba la cabeza y agregaba a mi oído, en voz baja: “Para castigarnos”....

Hoy, el castigo que recibimos los judíos no viene del faraón de Egipto ni del Melej Amalek ni del babilonio Nabucodonosor ni del criminal Amann ni del Imperator Caesar Augustus Titus Flavius Vespasianus ni de Sus Majestades los Reyes Católicos ni del inquisidor Torquemada ni de los sanguinarios Pilsudski y Petliura ni del mil veces maldito Eichmann ni de los mostachos sospechosamente embebidos de Stalin –imaj shemám, es decir, “borrados sean sus nombres”–, sino de mano de los Netanyahu, los Liberman, los Bennett y otros criminales de guerra, cuyos nombres también serán borrados. No merecen otro destino quienes, incurriendo en la hybris, la transgresión total que desencadenaba la tragedia griega, no distinguen entre un niño y un perro...

Desde la racionalidad, desde el humanismo, desde la negativa a ser cómplice de la barbarie, desde el más elemental sentido común, digo no, definitivamente no, una y mil veces no. E invitando al Pueblo del Libro a pronunciarse, a modo de advertencia desesperada, cómo no volver al severo Amós: “Los tres pecados de Israel perdonaré, pero al cuarto no”, cuando ya son muchos los pecados... Y cómo no volver al sensato Amós: “¿Acaso podrán ir juntas dos personas si antes no se pusieron de acuerdo...?” Antes y después de todo, ahora y siempre, la paz. Y la única garantía, dos pueblos, dos Estados viables y seguros. Y algún día –porque la Tierra Prometida ya sabe a pogrom– tendrá que ser sí, es decir, dos pueblos, dos Estados viables y seguros, y un solo, un solo corazón.

* Poeta.

jueves, 24 de julio de 2014

DISPENSACIONALISMO Y SIONISMO

DISPENSACIONALISMO Y SIONISMO
Dionisio Byler, Boletín CEMB Nº 27, septiembre 1997

El fundamentalismo evangélico data más o menos de la misma generación que el sionismo (finales del siglo pasado), y una rama importante de dicho fundamentalismo adopta la doctrina del dispensacionalismo. El dispensacionalismo es un sistema para dividir la historia de toda la humanidad en «dispensaciones» divinas. Según esa teoría, la voluntad de Dios y su trato con la humanidad se manifiesta de distinta manera en cada era o dispensación. El dispensacionalismo, aunque rechazado por artificial y ajeno a la revelación bíblica por casi todos los estudiosos de la Biblia, alcanzó una divulgación y una popularidad enormes entre ciertos elementos de la sociedad norteamericana, mediante la difusión de la Biblia de Scoffield, que lleva un complejo entramado de notas y explicaciones que guían al lector a la interpretación «correcta» de las Escrituras.

Entre estos seguidores del fundamentalismo evangélico americano nace con el surgimiento del estado de Israel, la convicción de que esto mismo ya había sido predicho por los profetas bíblicos. Alegan haber descubierto en tales profecías incluso que la existencia de un estado judío en Palestina es condición previa necesaria e indispensable para que puedan cumplirse otras profecías, tales como la Batalla Final entre los ejércitos del Bien y del Mal, el regreso de Cristo y la llegada del Milenio. Durante la Guerra Fría la imaginación religiosa de los fundamentalistas americanos no dudó de que la Batalla Final tendría de un lado al ejército soviético y del otro el americano, para lo cual EE.UU. debía constituirse en aliado incondicional de Israel.

Esta mezcla de fundamentalismo religioso, patriotismo americano, fervor anticomunista y convicción de que la existencia del estado de Israel es indispensable para que Dios pueda cumplir lo prometido en su Palabra, se ha difundido naturalmente entre muchos evangélicos de todo el mundo, debido al importante papel de los americanos en la expansión de la fe evangélica.

Por cada presunta profecía respecto a un futuro glorioso para el estado moderno de Israel, se pueden encontrar en la Biblia fácilmente dos docenas de profecías auténticas que exigen de toda persona y de toda nación la justicia, la atención a los oprimidos y el amor al prójimo.

Durante la época que narran los libros de Reyes y de Crónicas en la Biblia, no faltaron falsos intérpretes de la voluntad divina, que aseguraban sin cesar que Israel, Judá o Jerusalén, sencillamente por haber sido elegidas por Dios, jamás caerían sino que figurarían eternamente en el plan divino para la humanidad. Los verdaderos portavoces de Dios vieron de antemano con toda claridad que esas sociedades, por la injusticia y la opresión que las sostenían, tarde o temprano serían juzgadas severamente y destruidas por la justicia divina. Lo cual efectivamente sucedió. Los verdaderos profetas sabían que Dios no es racista: no es antisemita por supuesto; pero tampoco es anti ninguna otra raza humana.

El estado de Israel es el más reciente de los muchos creados en tierras ajenas por emigrantes europeos. La guerra entre palestinos e israelíes produce una triste sensación de déjà vu, de «esto ya lo he visto». Es otra vez la conquista del oeste americano. Una población autóctona resiste con medidas desesperadas de guerrillas, de terrorismo, de ataques furtivos, con flechas y hachas de piedra entonces, con piedras y bombas caseras hoy. Mientras tanto los emigrantes europeos persiguen sin cuartel el objetivo final de cuyo éxito final jamás se podrá dudar: su nación «moderna» y «civilizada» habrá de imponerse.

Tanto los indios de otra época como los palestinos de hoy, parece ser, deberían sencillamente haber previsto que estaban destinados a perder sus tierras, su nación y su identidad. Deberían haber tenido el buen gusto de desaparecer sin quejarse ni resistir.

La injusticia de los planteamientos israelíes escandaliza la sensibilidad de cualquier persona moral y no me cabe duda que ofende el sentido de justicia de Dios mismo. ¿De verdad ha decretado Dios despojar a los cristianos y musulmanes que desde hace siglos venían conviviendo en aquella tierra pacíficamente con sus judíos autóctonos?

La guerra, el odio y el racismo en Israel están segando y segarán al fin el juicio de Dios, tal como siempre ha sucedido en todas las naciones de la humanidad. Dios no hace acepción de personas ni de razas ni de naciones.

¿Y qué entonces de las promesas y profecías bíblicas? Según los apóstoles, según el Nuevo Testamento desde Mateo hasta el Apocalipsis, todas las profecías se cumplieron y se cumplen en la persona de Jesucristo. La esperanza cristiana aguarda la consumación final de lo conseguido ya en su cruz y su resurrección. Esa consumación no requiere otra obra adicional. No requiere otra intervención divina distinta a la realizada por Jesús en la cruz. Y desde entonces Dios no tiene otro pueblo que el que está compuesto por los que siguen al manso y humilde rabino judío del Nazaret de hace 2000 años, Jesús.

Esta imparcialidad divina jamás debió dar lugar a la herejía del antisemitismo, esa saña con que los cristianos han aterrorizado durante siglos a sus pobres vecinos judíos. Tampoco da lugar a suponer que el presente estado de Israel tenga otra naturaleza ni otro destino que cualquier otro estado contemporáneo. Según Jesús, quien vive por la espada a espada morirá y serán los mansos los que hereden la tierra.

¡Conceda Dios paz a todas nuestras naciones, y jamás halle a sus hijos apoyando la injusticia, la opresión y el expolio!