En Gálatas 4 se encuentra una sorprendente respuesta a la interrogante acerca de Jerusalén. Pablo adopta la enseñanza de Gálatas 3 que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia, ya que ésta sólo puede condenar al pecado humano. Pablo condena a aquellos que creen que la herencia prometida se puede obtener cumpliendo la ley. Los dos pactos son representados por dos mujeres. Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son los hijos de esclavitud. Lo que sorprende es que Agar representa a Sinaí y “corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud” (Gál.4:25). En otras palabras, Pablo declara que la ciudad de Jerusalén, por no someterse a la ley para obtener justicia y heredar las promesas, ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén, ya no es más la prometida ciudad de libertad. La Jerusalén histórica ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa y de salvación.
¿Qué sucede entonces con las promesas a Jerusalén? Asombrosamente Pablo habla de otra Jerusalén, representada por Sara como la madre de Isaac; pero esta Jerusalén aun no es visible, no está en la tierra. Esta Jerusalén es “celestial” y es la prometida ciudad de salvación. Es la ciudad de la que habla Isaías que tendría más hijos que la Jerusalén anterior al exilio, porque sus ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo (Gál.4:26ss). Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Cristo son hijos de esta mujer libre, y heredarán las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén.
Entonces, para Pablo la desobediencia histórica del Israel judío ha deshecho la importancia salvífica de la Jerusalén histórica. La incredulidad del Israel judío ha dividido en dos la imagen unificada de la Jerusalén que se encuentra en los profetas: la ciudad geográfica en la historia, símbolo ahora no de salvación sino de esclavitud bajo la ley, y “la Jerusalén celestial” cuyos ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo para heredar las promesas.
En Gálatas 4 se encuentra una sorprendente respuesta a la interrogante acerca de Jerusalén. Pablo adopta la enseñanza de Gálatas 3 que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia, ya que ésta sólo puede condenar al pecado humano. Pablo condena a aquellos que creen que la herencia prometida se puede obtener cumpliendo la ley. Los dos pactos son representados por dos mujeres. Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son los hijos de esclavitud. Lo que sorprende es que Agar representa a Sinaí y “corresponde a la actual ciudad de Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud” (Gál.4:25). En otras palabras, Pablo declara que la ciudad de Jerusalén, por no someterse a la ley para obtener justicia y heredar las promesas, ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén, ya no es más la prometida ciudad de libertad. La Jerusalén histórica ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa y de salvación.
¿Qué sucede entonces con las promesas a Jerusalén? Asombrosamente Pablo habla de otra Jerusalén, representada por Sara como la madre de Isaac; pero esta Jerusalén aun no es visible, no está en la tierra. Esta Jerusalén es “celestial” y es la prometida ciudad de salvación. Es la ciudad de la que habla Isaías que tendría más hijos que la Jerusalén anterior al exilio, porque sus ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo (Gál.4:26ss). Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Cristo son hijos de esta mujer libre, y heredarán las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén.
Entonces, para Pablo la desobediencia histórica del Israel judío ha deshecho la importancia salvífica de la Jerusalén histórica. La incredulidad del Israel judío ha dividido en dos la imagen unificada de la Jerusalén que se encuentra en los profetas: la ciudad geográfica en la historia, símbolo ahora no de salvación sino de esclavitud bajo la ley, y “la Jerusalén celestial” cuyos ciudadanos ya están siendo reunidos en este mundo para heredar las promesas.
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