jueves, 28 de agosto de 2014

LA JERUSALÉN TERRENAL NO ES LA CIUDAD DE DIOS


LA JERUSALÉN TERRENAL NO ES LA CIUDAD DE DIOS

En Hebreos 8 el autor comprende que el fracaso de Israel hizo que hubiera una diferencia entre la Jerusalén terrenal y la Jerusalén celestial. Los creyentes del A.T. no recibieron lo prometido durante su peregrinaje histórico en este mundo para que “ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor” (11.40). En los planes de Dios, el cumplimiento de las promesas del A.T. acerca de la tierra y la ciudad requerían incluir a los creyentes del N.T. por consiguiente, la Jerusalén terrenal ya no es más la personificación de la esperanza. La personificación de la esperanza es ahora la Jerusalén celestial, la cual Dios ha diseñado y construido (11:10,16).

La culpabilidad de la Jerusalén terrenal se hace visible en la crucifixión de Jesús. Dado que Jesús fue crucificado fuera de las puertas de la ciudad, la ciudad terrenal ya no es más la ciudad eterna. La eternidad le pertenece sólo a la ciudad que vendrá (13:14). La ciudad terrenal ya no puede ser el agente y objeto del cumplimiento de las promesas. Es la ciudad celestial la que recibe las promesas ya que Cristo está en ella. Él es el templo donde Dios mora. No en Jerusalén.
En este contraste, sólo la Jerusalén celestial puede ser considerada como Ciudad de Dios.

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