JESÚS Y LAS FIESTAS JUDÍAS
"Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo. Todo esto es una SOMBRA de las cosas que están por venir; LA REALIDAD ESTA EN CRISTO". (Colosenses 2:16-17 NVI). (Énfasis mía).
La primera del año era la de Purim (suertes) celebrada en torno a nuestro primero de marzo en conmemoración de la liberación de los judíos de manos de Hamán, según narra el libro bíblico de Esther. La segunda era la Pascua celebrada el 14 de Nisán (cerca de nuestro inicio de abril) en memoria de la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto. En tercer lugar la Fiesta de los Panes sin levadura durante siete días. En cuarto lugar, los judíos celebraban la festividad de Pentecostés que tenía lugar cincuenta días después de Pascua, cerca del final de mayo. Se conmemoraba en ella la entrega de la Ley a Moisés, así como la siega del grano del que se ofrecían en el Templo dos de los llamados "panes de agua".
En quintó lugar, nos encontramos con el Día de la Expiación que, en realidad, consistía más en un ayuno que en una fiesta. Era el único día en que el Sumo sacerdote podía entrar en el Santísimo para ofrecer incienso y rociar la sangre de los sacrificios. Tras realizar estos actos, se soltaba un macho cabrío al desierto que llevaba, simbólicamente, la culpa de la nación, y se sacaban fuera de la ciudad los restos de los animales sacrificados en holocaustos. Durante el día se ayunaba y oraba de manera especialmente solemne.
Cinco días después, la sexta fiesta, de los Tabernáculos o Cabañas, cercana a nuestro primero de octubre. Se conmemoraba con ella la protección de Dios sobre Israel mientras vagó por el desierto a la salida de Egipto y servía asimismo para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante el año.
Finalmente , nos encontramos con la Fiesta de la Dedicación (a mediados de nuestro diciembre, aproximadamente) que conmemoraba la restauración y rededicación del Templo realizada por Judas Macabeo.
Si aceptamos como históricas las tradiciones contenidas en el Evangelio de Juan sobre las visitas de Jesús a Jerusalén podemos ver que éste tendió a presentarse como una alternativa SUSTITUTORIA de las festividades judías. No es de extrañar que en su proceso de sustitución una de las acusaciones fuera la de amenazar con destruir el Templo, que constituía para los judíos la máxima expresión de espiritualidad, por eso no debería sorprendernos que el primer mártir cristiano, Esteban, fuera linchado bajo la misma acusación (Hechos 7).
Cuando se produjo la destrucción del Templo, si para el judaísmo significó una tremenda desolación además de un conjunto de problemas teológicos (vg: ¿cómo expiar los pecados si ya no existía donde?), para los primeros cristianos no fue sino una confirmación de su fe .
Para los que confían en las fiestas, la advertencia es clara: La nación de Israel fue endurecida por su mismo orgullo al confiar en la elección y sus obras, pero Dios les dio un espíritu insensible, ojos con los que no pueden ver y oídos con los que no pueden oír, hasta el día de hoy (Dt.29:2ss e Is.29:10).
También Pablo cita el Salmo 69:"Sus fiestas se les conviertan en red y trampa, en tropezadero y en castigo. Que se les nublen los ojos para que no vean, y se encorven sus espaldas para siempre". Vemos entones que la fidelidad de Dios es a los israelitas del remanente y gentiles cristianos y condenación para siempre a la nación de Israel y los judíos que insisten en sus fiestas.
Si persistes en comprar la fidelidad de Dios por medio de las buenas obras, tus espaldas se encorvarán por el peso de ellas y el dolor, el temor y la opresión te llevarán a un profundo sentimiento de culpa, vergüenza y eterna frustración.
Primero dijo: «Sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones no te complacen ni fueron de tu agrado» (a pesar de que la ley exigía que se ofrecieran). Luego añadió: «Aquí me tienes: He venido a hacer tu voluntad.» ASÍ QUITÓ LO PRIMERO PARA ESTABLECER LO SEGUNDO. Y en virtud de esa voluntad somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, OFRECIDO UNA VEZ Y PARA SIEMPRE (Hebreos 10:8-10 NVI).
Es por esta razón que los cristianos no celebramos las fiestas, ya que Jesús es el cumplimiento de cada una de ellas.
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