El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!» (Génesis 12:1-3 NVI).
¿De qué forma es Israel una bendición a las demás naciones? Sólo porque fue el pueblo que Dios escogió para que llegara el Mesías.
Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa. "Hermanos, voy a ponerles un ejemplo: aun en el caso de un pacto humano, nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado. Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice: «y a los descendientes», como refiriéndose a muchos, sino: «y a tu descendencia», dando a entender uno solo, que es Cristo. Lo que quiero decir es esto: La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente; de haber sido así, quedaría sin efecto la promesa (Gálatas 3:14-17 NVI).
Pablo interpreta que la «descendencia» de Abrahám, en singular, no son muchos sino uno solo, Jesucristo, ya que únicamente Él, siendo el Hijo de Dios, y haciéndose obediente hasta la muerte, posee todos los bienes divinos y los comunica al hombre.
Sin embargo es bueno recordar las condiciones para ser bendecidos:
"Ahora, pues, este mandato es para ustedes, los sacerdotes. Si no me hacen caso ni se deciden a honrar mi nombre —dice el Señor Todopoderoso—, les enviaré una maldición, y MALDECIRÉ SUS BENDICIONES. Ya las he maldecido, porque ustedes no se han decidido a honrarme. »Por esto, voy a reprender a sus descendientes. Les arrojaré a la cara los desperdicios de los sacrificios de sus fiestas, y los barreré junto con ellos" (Malaquías 2:1-3 NVI).
Este texto nos Recuerda que las bendiciones de Dios suponen ser duraderas, pero Dios guarda el derecho de convertir bendición en maldición si resulta que el bendito no hace lo que Dios espera. En el sentido más absoluto, la bendición y la maldición se presenta como el resultado de nuestra respuesta a Jesucristo, no a Israel.
Sólo hay un pueblo de Dios, no dos; una forma de salvación, no dos; una vía hacia la ciudadanía en la ciudad de Dios, no dos. Cualquier cumplimiento de promesas del Antiguo Testamento que pase por alto a Jesucristo, no puede ser el cumplimiento genuino que el Antiguo Testamento anticipa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario