jueves, 24 de julio de 2014

JESÚS Y LAS PRÁCTICAS JUDAIZANTES 2

JESÚS Y EL TEMPLO

—Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre... Pero se acerca la hora, y ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. (‭Juan‬ ‭4‬:‭21, 23-24‬ NVI).

Los lugares sagrados específicos ya no tienen importancia. Ya no existen lugares sagrados, específicos, no existe Tierra Santa ( si, ya no existe, ni nunca existió, no desperdicie su dinero pensando que va a llegar más santo) no existe edificio sagrado, no existen utensilios sagrados para la adoración. Ya no se requiere ningún peregrinaje al templo sagrado que está en un monte sagrado. La adoración ahora es un tema universal y no esta ligada a ninguna ocasión sagrada o lugar sagrado en particular. Es posible ahora adorar en cualquier lugar y a cualquier hora.

Todo lo que se necesita para una verdadera adoración es el Espíritu y la verdad. Jesús es la verdad; y el da el Espíritu a todos los que creen en el. Por lo tanto, el único requisito para adorar genuinamente en la era del cumplimiento es que uno crea en Jesus y que haya recibido el Espíritu Santo.

Los templos de piedra y los montes sagrados han perdido su importancia porque Dios ya no habita más en allí para hacer de ellos lugares sagrados. Dios esta presente en Jesús y en el Espíritu, una acción que puede ser experimentada y adorada en cualquier lugar del mundo. La respuesta de Jesús a la samaritana anuncia el final drástico la era antigua del templo.

La promesa del templo de Ezequiel acerca de la gloria de Dios morando en medio de su pueblo se cumple en Jesús. Ezequiel 47 profetizó que un río fluiría desde el templo y renovaría la vida. Jesús anuncia que los ríos de agua viva fluyen ahora de
El, e invita a todos a beber (Juan 7:37-39). El templo es una metáfora de la unidad entre creyentes en Cristo que existe debido a la presencia del Espíritu de Dios que mora en ellos.

La casa que Dios prometió construir a David resulta ahora la casa que el hijo de David construye para Dios. La casa reedificada de David es el nuevo templo, y su piedra angular es Cristo. Todos los que creen en Cristo, el cual es hijo de David e Hijo de Dios, entran en la casa de David y la casa de Dios. Las promesas se han cumplido en Cristo. Cristo desplaza al templo limitado, construido sobre un monte santo específico. Por lo tanto no habrá nuevo templo. Jesús es la piedra angular del templo y nosotros las piedras.

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