JESÚS Y LA JERUSALÉN GEOGRÁFICA
Les dijo Jesús: —¿No han leído nunca en las Escrituras: »“La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular; esto es obra del Señor, y nos deja maravillados”? »Por eso les digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino. (Mateo 21:42-43 NVI)
Jerusalén personificó la promesa de la tierra con seguridad, paz y prosperidad como la Ciudad de Dios. Porque sólo donde Dios moraba existiría esa calidad esencial de santidad necesaria pasa poseer la tierra.
Sin embargo, en la era neotestamentaria le ocurrieron trágicos eventos. Fue destruida como cualquier ciudad temporal. Roma arraso con la Ciudad de Paz. Reinó el caos y la destrucción. ¿Qué fue de las promesas?
Las promesas no fueron cumplidas ni se cumplirán en la Jerusalén geográfica porque su gente respondió a Jesús como lo hicieron con los profetas. "Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados" (Mt.23:37). Las consecuencias de esta actitud hostil a Jesús el Mesías es la pérdida de la tierra, ya que el reino de Dios les fue quitado (Mt.21:33-44). Jerusalén no entendió como recibir la herencia de la tierra ni como saber las condiciones necesarias para para recibir la paz prometida (Lc.19:42). Dios había visitado a Jerusalén en la persona de su Hijo, y Jesús había deseado reunir a los hijos de Jerusalén "como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas", pero ellos no tenían deseos de que esto sucediera. Por consiguiente Jerusalén quedó abandonada, desprovista de la presencia prometida de Dios, y expuesta al juicio horrendo (Mt.23:37s; Lc.23:28ss).
En Galatas 3 Pablo dice que la herencia prometida a Abraham se otorga por medio de una promesa y se recibe por fe, y que la ley no puede ser un medio para recibir la herencia ya que esta sólo puede condenar al pecado humano. Por eso Pablo le dice a los que piensan que si cumplen la ley heredarán la tierra prometida. Pero hay dos pactos representados por dos mujeres. Agar representa el pacto surgido del Sinaí, y sus hijos son hijos de esclavitud y responde a la actual Jerusalén, porque junto con sus hijos vive en esclavitud (Ga.4:25). En otras palabras Pablo declara que la Jerusalén contemporánea al tiempo de Pablo ha llegado a ser una ciudad de esclavitud. Jerusalén ya no es más la prometida ciudad de libertad. Ha perdido su importancia como la prometida ciudad santa, ciudad de salvación.
La otra mujer es Sara, esta representa la ciudad invisible, no en esta tierra. Es la Jerusalén celestial y la prometida ciudad de salvación. Todas las promesas de Salvación se asocian a esta ciudad. Todos los que aceptan la promesa mediante la fe en Jesucristo son hijos de esta mujer libre, y heredan las promesas que fueron ofrecidas a Abraham y que tuvieron como centro de atención a Jerusalén. Entonces la ciudad geográfica de Jerusalén es símbolo de la esclavitud de la ley, y la Jerusalén celestial es símbolo de la iglesia justificada por Dios y sólo esta es considerada como la Ciudad de Dios, la verdadera Jerusalén.
En Hebreos 11 la Jerusalén terrenal ya no es más la personificación de la esperanza. Ahora es la Jerusalén celestial, la cual Dios ha diseñado y construido (11:10,16). En los evangelios, la culpabilidad de la Jerusalén terrenal se hace visible en la crucifixión de Jesús. Dado que Jesús fue crucificado fuera de las puestas de la ciudad, la ciudad terrenal ya no es más la ciudad eterna. La eternidad le corresponde sólo a la ciudad que vendrá "pues aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera". (Hebreos 13:14 NVI)
Las promesa que estaban ligadas a la Jerusalén terrenal están ahora adheridas a la Nueva Jerusalén celestial. Los nombres que aparecen en el libro de la vida son los "ciudadanos del cielo". "En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo". (Filipenses 3:20 NVI). No son los judíos los ciudadanos de la verdadera Jerusalén, son los creyentes de cada tribu y nación redimidos por la sangre de Jesús en la cruz. No son los judíos los que se han acercado al monte Sión, sino los cristianos que vencen por la fe (Ap.3:12).
Dado que los requisitos para heredar la tierra se cumplen únicamente en Jesús, y dado que Jesús es el templo donde Dios mora, el Nuevo Testamento ubica a Jerusalén donde Jesús esta. Jesús está en el cielo y así mismo la verdadera Jerusalén.
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